martes, 22 de noviembre de 2016

¡Mamá, no quiero un príncipe!



Temas: nutrición, resolución de problemas, tráfico ilegal de animales, bodas forzadas o por dinero.


Nervioso, el hombre miraba por la ventana; todavía era de noche, ya solo quedaba una estrella en el cielo, pronto empezaría a clarear. Al despuntar el primer rayo de sol, oyó el llanto de su hija acabada de nacer. El padre sonrió y contemplándola dijo: «Como has nacido al amanecer, te llamarás Estrella del Alba».
Estrella pasó una infancia feliz en un diminuto país perdido en un valle entre Portugal y Extremadura. Al cumplir dieciocho años, recibió una invitación del palacio real para asistir a una fiesta sorpresa. Llegado el día, allí estaba muerta de curiosidad por saber qué se celebraba, pues no había otros invitados, solo sus padres. Con las primeras notas del himno nacional, aparecieron los reyes.
—Estrella, al año que viene te casarás con el príncipe  —le anunció el rey con gran solemnidad—. Vivirás en palacio, irás a fiestas, viajarás mucho…
— ¡¿Qué?! Mamá, papá, yo no quiero casarme con un príncipe —protestó alarmada—. Eso es muy aburrido. Yo quiero ser bióloga y trabajar en la sierra estudiando animales y plantas.
—Serás rica, el príncipe te pagará todos los caprichos, incluso, te regalará un tigre si te apetece. —Intentó convencerla la reina.

La reina
 —Con todo el respeto, los tigres deben estar en su hábitat, no en un palacio. Yo me ganaré la vida como bióloga; no hace falta que ningún príncipe me compre nada —contestó orgullosa.
—Estrella, he dado la palabra al rey. No podemos echarnos atrás —le advirtió enfadado su padre—. ¿No te hace ilusión ser reina algún día?
—No, papá. Yo no quiero ser reina, prefiero ser bióloga. Solo me casaré con un hombre al que ame, un hombre que me quiera y me respete.
— ¡Esto es inadmisible! —estalló su majestad—. Te casarás con el príncipe cuando llegue la primavera. La boda se celebrará durante las Fiestas del Cerezo en Flor, ¡y no se hable más!
—No —replicó Estrella sin levantar la voz. Aquel «no» tan seco significaba que no acataría la orden real.
— ¿Te atreves a desobedecerme, niña? —preguntó airado el monarca—. Te propongo un desafío: te libero de casarte si consigues curar a los príncipes. Santiago está obeso, aunque apenas prueba la comida; por contra, Noemí parece un esqueleto andante de tan delgaducha. Mis hijos han enfermado y eso me preocupa más que la boda. ¿Aceptas el reto?
—Claro que sí —contestó Estrella enfurruñada—. ¡Qué remedio!
Al llegar a casa, se sentó bajo su roble preferido y se echó a llorar, enfadada con sus padres por obligarla a casarse y preocupada porque no sabía cómo resolver el problema del rey. Sin embargo, a los diez minutos pensó que llorar un poco para desahogarse estaba bien; pero seguir llorando no le arreglaría nada y la pondría más triste aún; así que, tras secarse las lágrimas, empezó a pensar. Y tuvo una idea, una buena idea. ¿A que no la adivináis?

Pensando pensando Estrella tuvo una gran idea
 En el colegio «La Romanilla» de Roquetas de Mar, la señorita Cristina estaba enseñando a sus alumnos una lección muy importante. Les explicaba que todos tendrían dificultades en la vida y que el problema no es tener un problema, el problema es no saber resolverlo.
Unos golpecitos en la puerta interrumpieron la clase. El bedel avisó a la señorita de que tenía una llamada de teléfono urgente. Cristina se fue y, al cabo de un rato, regresó con cara de preocupación.
— ¿Qué ha pasado, seño?—le preguntó SOFÍA —. Parece muy triste.
Cristina les explicó que su amiga, Estrella del Alba, se encontraba en una difícil situación y les contó lo que había sucedido con el rey y el desafío que le había planteado.
— ¡Anda, un caso real para practicar eso de arreglar problemas! —exclamó DAVID.
— Llevas razón. Al fin y al cabo, el Comando Lobo se dedica a resolver situaciones críticas. Vamos a intentarlo. El primer paso es resumir lo que ha sucedido.
—Los padres y el rey quieren que Estrella se case con el príncipe. Ella no quiere y solo lo evitará si logra curar a los príncipes —resumió ERICK la mar de bien.
El segundo paso es saber cómo nos sentimos; en este caso, cómo se siente Estrella.
—Al principio, Estrella se puso muy furiosa, después, tan preocupada que no puede ni pensar, y eso todavía la asusta más —iba analizando JAIME—. Necesita calmarse y ayuda.
El tercer paso es identificar el problema.
—El problema es que no quiere casarse con el príncipe —dijo DAVID.
El cuarto paso es saber qué queremos conseguir.
—Eso es fácil: hemos de conseguir que no la obliguen a casarse, así que deberá superar el desafío del rey—concluyó ÁLEX.
El quinto paso es buscar soluciones y ponerlas en práctica.
—Podría huir a otro país —sugirió ISABELLA—, o convencer al príncipe para que tampoco quiera casarse.
—Yo creo que la mejor solución sería enseñar a comer bien a los príncipes para que recuperaran la salud — apuntó IVÁN y todos estuvieron de acuerdo.
 — ¿Qué podemos hacer para conseguirlo? —les consultó Cristina.
Se quedaron pensativos. Siempre resulta complicado cambiar los hábitos alimenticios.  Al tiquismiquis del príncipe no le gustaba nada; y la princesa no quería comer. 
Recordando lo que hacían sus madres, decían: «Que no les dejen levantarse de la mesa hasta que se terminen el plato», «Que los castiguen», «No, que les den un premio si comen bien», «Que les quiten el móvil»…, pero ellos sabían que estas medidas no solían funcionar.
Algo tenían que ingeniarse o Estrella nunca llegaría a ser bióloga, y se convertiría en la pobre Estrella, una triste princesa prisionera en un palacio (trabalenguas).
—A lo mejor es que están aburridos de comer siempre lo mismo —aventuró JULIO.
— ¿Y si les traemos platos nuevos, cocinados de otra forma? —sugirió CÉSAR.
— ¿Por qué no preguntamos a un médico cuál es la comida saludable? —dijo NORA.
—En una escuela de hostelería nos enseñarían nuevas técnicas de cocina—añadió JULIA.
—También podríamos buscar por todo el mundo ingredientes que nunca hayan probado —apuntó CAROLINA, la viajera.
—Estas sí que son buenas ideas, chicos —admitió Cristina—. Ahora tenemos que ponerlas en práctica. Organizad tres grupos de trabajo. Yo avisaré a Estrella y a Antonio, «el médico de los pinsapos»,  para que colaboren con nosotros.
ESTRELLA, TAREK, ERICK, JAIME, ÁLEX, ISABELLA, ELENA, AURORA y SUSANA viajaron en tren hasta el país de Estrella. Solicitaron una audiencia con los príncipes y el rey se la concedió. Los encontraron en la terraza jugando al ajedrez. Parecían chicos normales, no llevaban ni corona ni capa como en los cuentos. El príncipe Santiago, Yago para los amigos, tenía esa sonrisa que enseguida despierta simpatías; la princesa Noemí era bajita y morena, pero en sus ojazos negros brillaba una chispa de niña pilla y alegre. Estrella les presentó al Comando y les contó que habían venido para ayudarlos.

El príncipe Santiago
  Charlaron durante un ratito. Al final, el príncipe les confesó que la comida de palacio era aburrida y sosa, y que él prefería bollos, chuches y refrescos. En cambio, la princesa no comía nada para no engordar porque su ilusión era ser modelo, aunque no se daba cuenta de que se había quedado más flaca que el palo de una escoba y así… así estaba feísima.

 
La princesa Noemí estaba esquelética
Hablaban animadamente cuando apareció el jefe de la guardia, al instante, los príncipes se callaron y adoptaron una expresión seria, casi antipática. ¿Qué sucedía?  Estrella les preguntó si habían dicho algo molesto. El príncipe le prohibió hablar. Era una situación muy incómoda.
—Perdonad— les dijo la princesa al cabo de unos minutos—. El jefe de la guardia es hermano del rey y ambiciona el trono. Sospechamos que estamos en peligro, sobre todo, el príncipe.
—Incluso vosotros corréis riesgo. Os saboteará. Tened cuidado —los advirtió Yago.
Esta misión empezaba a ponerse peligrosa, así que acordaron comunicarse con mensajes cifrados por si el malvado tío espiaba las comunicaciones.  El Comando Lobo debía elaborar un plan para rescatar a los príncipes, ¿en qué consistiría?
ANTONIO, AMIR, JULIO, ALBERTO, CÉSAR, NORA, CAROLINA, JULIA, LAURA y LAIA se fueron al hospital de Málaga donde Antonio había pedido cita con una especialista en nutrición, la doctora Lucy. Tras las presentaciones y la descripción de la enfermedad de los príncipes, la doctora les enseñó un plato y les dijo:
—Mirad: dividimos el plato en cuatro partes iguales. Dos partes debéis llenarlas con verduras; una parte con proteínas que se encuentran en la carne, el pescado, los huevos y las legumbres; y en la parte que queda pondréis glúcidos como pan, cereales o patatas. Esa es la proporción saludable. Que tomen lácteos tres veces al día y cinco raciones entre fruta y verdura.  Que no abusen de mantequillas y dulces. El alcohol, ni probarlo porque destroza el cerebro que aún está en formación.

 

https://migranbusqueda.wordpress.com/2016/05/16/somos-lo-que-comemos/

— ¿Se curarán los príncipes? —preguntó LAIA algo preocupada.
—Seguro que sí. Se pondrán bien cuando lleven unos meses comiendo una dieta saludable.
Después de agradecerle sus consejos el Comando Lobo regresó a Roquetas.
CRISTINA, DAVID, IKER, VÍCTOR, IVÁN, YASSMIN, BLANCA, SOFÍA, DALILA y SUSI  investigaron dónde estaba la Escuela de Hostelería. DALILA, que es una experta en Internet, buscó la dirección en el ordenador y se fueron a Aguadulce. La directora les recibió con una amplia sonrisa y les enseñó unas cocinas inmensas repletas de sartenes enooormes.


—Cuando un niño se porta mal, lo guisamos en esta cazuela con un poco de tomate y guindilla bien picante —explicó muy seria la directora. Luego se echó a reír. ¡Qué bromista!
Los chicos le contaron cuál era el problema que los traía allí y la mujer les propuso un experimento: «Vais a probar distintos platos sin mirar y me diréis si os gustan o no, ¿vale?»
Era un poco raro, pero… ¿qué podían perder? Nada. Así que aceptaron y se vendaron los ojos. Cada uno saboreó un plato y casi todos lo encontraron buenísimo, aunque no eran capaces de identificar qué habían comido.
—Espero que no fuera lagartija rellena —dijo VÍCTOR haciendo una mueca de asco.
— ¿¡Cómo lo has adivinado!? —exclamó la directora—. Nooo, es broma. Son verduras aderezadas con distintas salsas o especias.
— ¿Verduras? Nunca lo hubiera dicho —murmuró SUSI  mirando los platos—. Si a mí no me gustan, será la primera vez que las encuentro buenas.


—Buscad otras formas de cocinar más sabrosas, divertidas y bien presentadas y veréis cómo esos príncipes tan melindrosos tragan igual que cocodrilos hambrientos. El mundo está lleno de alimentos riquísimos, de especias aromáticas, de recetas increíbles…
—Se me ocurre algo… —pensó en voz alta BLANCA —. ¿Y si hiciéramos un viaje en busca de nuevos ingredientes y otras formas de cocinar?
—Es una idea estupenda —reconocieron CRISTINA y la directora.
Las misiones había salido muy bien y los tres equipos habían cumplido sus objetivos. Se reunieron en clase para intercambiar información sobre lo que habían averiguado, discutieron un rato, y al final, decidieron visitar diferentes países para investigar su gastronomía.
—Hay que secuestrar a los príncipes —dijo SUSANA que llevaba un rato calladita pensando—, en palacio corren peligro. Es mejor que vengan con nosotros.
—Secuestrarlos es una ocurrencia loca, pero creo que tienes razón. Si nos acompañan y van probando distintos manjares, será más fácil descubrir lo que les gusta y tendremos más tiempo para curarlos  —razonó DALILA.
— ¿Cómo lo haremos? —preguntó CAROLINA—. No podemos llevárnoslos a la fuerza. Necesitamos un buen plan y creo que prepararlo nos llevará toda la noche.
—Sí. Deberíamos mandar un mensaje cifrado a los príncipes para avisarlos —añadió JULIO.
Al día siguiente al anochecer, el príncipe abrió la puerta norte de los jardines y dejó entrar a LAURA y a ALBERTO con sus perros, Cosita y John, y a TAREK, ERICK, JAIME, ÁLEX, ISABELLA, ELENA, AURORA, AMIR, JULIO, CÉSAR, NORA, CAROLINA, JULIA, LAIA y SUSANA. Enseguida se separaron y empezaron a corretear por el jardín llamando a John y Cosita.

Inmediatamente apareció el jefe de seguridad con sus guardias, los detuvieron y esposaron a todos para llevarlos a las mazmorras. Tantos focos encendidos y tantas alamas pitando despertaron al rey y quiso saber qué sucedía.
— ¿Qué hacíais en palacio? —preguntó malhumorado desde su trono.
—Majestad,  John y Cosita se han colado en sus jardines persiguiendo a una perra muy bonita. Solo queríamos recuperarlos y nada más —se excusó ALBERTO.

— ¿Y eso es todo? —Se extrañó el monarca—. ¡Vaya una amenaza!
—Majestuosa majestad, no queríamos molestar. Perdón —suplicó LAURA con carita de buena  buenísima y al monarca se le escapaba la risa al oír lo de «majestuosa majestad».
—Podéis iros. Ja, ja, ja.
Y se marcharon sin ningún problema. Mientras los guardias se ocupaban de ellos, los príncipes habían huido por detrás del palacio. En la oscuridad de la noche, les esperaban DAVID, IKER, VÍCTOR, IVÁN, YASSMIN, BLANCA, SOFÍA, DALILA, ANTONIO y SUSI. Habían echado una escalera de cuerda para que pudieran saltar el muro. ESTRELLA Y CRISTINA los disfrazaron con unas pelucas y otras ropas para que nadie los reconociera.
Todos subieron a un autobús que les llevó al aeropuerto, allí cogieron un vuelo con destino a Marruecos. La primera parte del plan se había ejecutado a la perfección. Ahora tenían seis meses para recorrer el mundo y enseñar a comer a los príncipes. 
Cuando el avión aterrizó en Marrakesh, hacía un calor insoportable. El sol era una bola de fuego, como si alguien hubiera chutado un balón ardiendo al cielo y le hubiera metido un gol.
En Marruecos tuvieron mucha suerte porque era el país de YASSMIN, AMIR y TAREK y sus familias los acogieron encantados.  El primer día los parientes de AMIR les acompañaron al zoco. ¡Cuánta artesanía y qué bien trabajada! ¡Qué maravilla de colores, de aromas, de frutas y verduras! Les aconsejaron qué especias eran las mejores y compraron una buena cantidad. El abuelo de AMIR les regaló un precioso cofre de madera tallada para que las guardaran.

En el mercado marroquí. Fotografía de Antonio Pulido Pastor
 A media tarde, reanudaron el viaje a Fez en avioneta. Como estaban cansados se fueron quedando adormilados hasta que una brusca sacudida los despertó. Al abrir los ojos, vieron una muralla de tierra que se les venía encima.
— ¡Una tormenta de arena! ¡Protegeos la cabeza con los brazos! —gritó el piloto.
Aunque cambió el rumbo para evitarla, no lo consiguió y tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia. Al principio, los niños chillaban aterrorizados, luego recuperaron la calma porque los agentes especiales están entrenados para portarse como valientes aunque tengan miedo.
Media hora estuvo el vendaval sacudiéndolos; como no se asustaban, se cansó y se marchó. Ya podían salir, lo malo es que la puerta no se abría. Antonio rompió una ventanilla para que los agentes treparan hasta ella y se deslizaran como por un tobogán hasta el suelo. No se veía ninguna carretera, estaban perdidos en mitad del desierto de Merzouga. Al menos, nadie estaba herido.


Subieron a una duna de más de ciento cincuenta metros de altura por si, desde allí arriba, divisaban algún pueblo. Nada, solo un mar de olas de arena, y como si el sol también anduviera perdido, desapareció entre las dunas del horizonte.
—Nos quedaremos aquí hasta mañana. No tenemos comida y queda poca agua. Tendremos que racionarla —advirtió Cristina. Bebieron un sorbito cada uno y se sentaron en el suelo.
¿Qué se ingeniaría el Comando Lobo para salir de este apuro? A modo de distracción, Cristina contó un cuento, a continuación explicaron chistes y, al final, Antonio les recitó un poema sobre estrellas mientras contemplaban cielo tumbados en la arena.
— ¡Oh! Nunca había visto tantas estrellas y tan brillantes —suspiró ÁLEX maravillado.
— ¡Mirad: una estrella fugaz! Allá abajo, cae sobre la avioneta —señaló SUSANA.
— ¡La avioneta! —exclamó NORA—¡El cofre! El abuelo de AMIR ha metido varias cosas.
Bajaron todos corriendo hasta el aparato y rescataron el cofre. ¿Qué habría allí dentro? ¡Tenían tanta hambre...! Encontraron fruta y alguna verdura. 
—Dejadme ver —pidió YASSMIN—. Vamos a preparar una ensalada marroquí con naranjas.
Era una comida sencilla, pero con aquellas naranjas tan jugosas, unas zanahorias crujientes, el dulzor de la miel, unas almendras tostaditas y el aroma de la canela, ¡mmm, estaba riquísima! De entrada, la princesa no quería comer; aunque, viendo que todos se chupaban los dedos, se animó a probarla. ¡Qué buena y saludable! Algo más reconfortados se durmieron bajo aquel cielo tan estrellado.

 
¿Será un pirata?
Al llegar la aurora, Antonio señaló al cielo para enseñarles el lucero del alba. Además del lucero vieron unos jinetes oscuros sobre la duna. Nadie respiraba. Bajaron al galope gritando. Podrían ser piratas. Iban a morir. De pronto, TAREK echó a correr hacia ellos. Un jinete saltó al suelo y abrazó al niño. ¿Pero qué clase de pirata hace eso? Pues uno que no es pirata sino el tío de TAREK. Al ver que no llegaba, empezó a buscarlo la noche anterior. ¡Estaban salvados!

Montaron sobre unos camellos gigantes y se dirigieron a un oasis próximo donde tenían sus haimas. Allí les habían preparado una fiesta con música, baile y un apetitoso banquete: verduritas asadas con especias, tahine y cuscús, pollo con ciruelas, pescado relleno de dátiles, pastelitos de almendra y miel, baklava de pistachos y otras delicias.  Estaban más hambrientos que un búfalo a dieta de manzanitas, así que todos iban picando de bandeja en bandeja.
— ¿Cómo se llama este plato tan bueno? —preguntó Yago.
Imam bayildi, el cura desmayado. Lleva berenjenas, tomate… —explicaron TAREK y YASSMIN. Entonces, Yago se dejó caer como si se hubiera desmayado y todos se echaron a reír. 

Dulces de almendra, yema y sésamo. Fotografía de Antonio Pulido Pastor
 Una mañana, llamaron los padres de IKER, que estaban de boda en Nigeria, y les propusieron visitar el país. ¿¡Cómo iban a rechazar una invitación tan estupenda!? Pasaron unos días geniales tanto en la sabana como en la selva viendo: leones, mandriles, cocodrilos, leopardos, antílopes, búfalos… y una gran diversidad de aves.




En una excursión coincidieron con un grupo de niños nigerianos y se hicieron amigos. A la hora de comer, se sentaron juntos y fue divertido porque les daban a probar unas brochetas adobadas con tankora que picaban una barbaridad y, ¡aaah!, casi salía fuego por la boca. Más suave y con un sabor especial a semillas de mango encontraron el guiso con ogbono.

 
¡¡Estas brochetas pican a rabiar!!
 Los chicos les explicaron por qué el grupo se llamaba Comando Lobo y cómo rescataron al lobo atrapado en el cepo. Les hacían muchas preguntas porque creían que el lobo era el malo; pero no, el pobre Rayo era la víctima. Los nigerianos les contaron que en África también se matan especies en peligro de extinción; unas veces, para entretener a los turistas en los safaris; otras veces, para vender su piel o alguna parte de su cuerpo. Todos se entristecieron y prometieron que, cuando fueran mayores, lucharían contra la caza ilegal y el tráfico de animales.

Unos amigos nigerianos
 Días después, un vuelo les llevó a Timisoara, en Rumanía. ÁLEX, ELENA y AURORA estaban contentos de poder enseñarles su país.  Les encantaron las cascadas de Bigar con sus rocas recubiertas de musgo, las cuevas y las cortinas de agua fría fría y transparente. Descansaron un par de días en un refugio del parque nacional Cheile Nerei. Allí descubrieron que a los príncipes les gustaba la carpa asada rellena de nueces, pasas y hierbas aromáticas y los sabrosos quesos de oveja curados en corteza de abeto.

Cascadas de Bigar. Fotografía de
https://aboutwomenandnotonly.blogspot.com.es/2015/07/cascada-bigar.html
AURORA, ÁLEX Y ELENA les llevaron al Castillo de Peles, era tan grande que si se te pierde el gato, ya no lo encuentras nunca más. El chef les preparó caviar de los esturiones del río Danubio, langostinos con salsa de nueces, paquetitos de col rellenos de carne y arroz y pastelitos de almendra recubiertos de caramelo de vainilla. Unas exquisiteces ante las cuales ni siquiera los príncipes protestaron y comieron más que dos osos glotones en un panal de miel.

 
Castillo de Peles.  Fotografía de

http://imbratisare.blogspot.com.es/2010/03/el-llamado-castillo-de-peles-en-sinaia.html
El siguiente destino era Mumbai, en la India. En sus mercados la variedad de especias era extraordinaria: cardamomo, cilantro, nuez moscada, curry, jengibre… El aire olía de maravilla y abría el apetito, así que, terminadas las compras, se sentaron en una terracita a almorzar: tortitas rellenas de salteados de verduras y gambas,  pollo tandoori marinado con diferentes especias, bolitas de dulce de leche con agua de rosas y cardamomo…

Sabrosa comida indú
Estrella estaba contenta pues los príncipes comían mejor, el ejercicio les sentaba bien y se encontraban ágiles y de buen humor. «Quizás no me obligarán a casarme con Yago», pensó.
El resto de la travesía fue en barco, primero a Sri Lanka donde compraron la mejor canela del mundo, luego, pusieron rumbo a China. Sin embargo, sucedió algo inesperado: una plaga de ratas escondidas en las bodegas salían por la noche y devoraban las provisiones y las especias. El Comando Lobo se reunió en cubierta.
— ¿Qué podemos hacer? A este paso, no dejarán nada—se lamentó JAIME.
—Tenemos un buen problema. Pensaré una solución como nos enseñó Cris. —Decidió ERICK.
—Lo más sencillo sería contratar a un exterminador de ratas, un arma letal —propuso IKER.
— ¿Qué dices, chico? ¿Quieres comprar armas? —protestaron IVÁN y DAVID.
— ¿Armas? Armas no, gatitos —aclaró IKER—. Las ginetas llegaron a España porque los musulmanes las llevaban en los barcos para que cazaran ratones. Conseguir mininos es más fácil que encontrar ginetas.

Era una buena idea. En la siguiente escala, bajaron a tierra y adoptaron cinco felinos. No se ha visto nunca gatos más felices que aquellos cinco, todo el día atrapando ratones. A los pocos días no quedaba ni uno y los gatos…, los gatos estaban bien gorditos. Había resultado una solución barata, limpia y genial. ¡Bien por el Comando Lobo! 

En China repusieron todas las especias que habían estropeado las ratas, añadieron otras y también diversos tés y arroces. Una noche salía un olorcillo delicioso de la cocina del barco.
— ¡Son los príncipes! —contaron incrédulas  SOFÍA y BLANCA  que los habían sorprendido cocinando. Yago preparaba un chop suey de verduritas con cerdo marinado, a su lado, Noemí cocía un arroz salvaje con pescado al aroma de hierba limón. ¡Vaya sorpresa! Aquella noche cenaron de maravilla.

 
Un viaje en un bonito velero
Al llegar a Japón, les impresionó la maestría de los chefs manejando los cuchillos como si fueran ninjas con sus katanas y la decoración tan refinada de los platos, especialmente, el sushi con delicadas mariposas de pepino, estrellas de zanahoria o pájaros de rabanitos. 

Sushi japonés: bien presentado, rico y saludable.
En una fiesta, Yago conoció a Sakura, una joven muy elegante. Ella le explicó que su nombre significa flor de cerezo y al príncipe le recordó su tierra. Conversando sobre cerezos y otros temas descubrieron que tenían mucho en común y se hicieron tan amigos que Yago la invitó a su casa y Sakura se unió a la expedición.

Sakura
Antes de regresar a España, todavía se detuvieron en México. Una tarde, se adentraron en la selva buscando la orquídea que produce una vainilla deliciosa con tan mala suerte que Yago encontró a un compinche de su malvado tío. Ambos se reconocieron de inmediato. ¿Cómo solucionarían este contratiempo? Si avisaba al tío, los príncipes corrían peligro. El Comando Lobo tardó apenas unos minutos en tramar un plan.

De esta orquídea se obtiene la vainilla
 El hombre había cazado pájaros tropicales y estaba cargando las jaulas en un camión. «Si lo denunciaban, las autoridades lo detendrían, pero era necesario entretenerlo hasta que llegara la policía», pensaron VÍCTOR y SUSI. De pronto, los intrépidos agentes del Comando Lobo, JULIO, DALILA, NORA, JULIA, CAROLINA, ELENA, AURORA, LAIA Y CÉSAR rodearon el camión y empezaron a enredar diciéndole que eran unos pájaros preciosos y a pedir a Cristina que les comprara unos cuantos. Formaron un buen lío: suplicando, llorando, gritando, haciendo rabietas, sin embargo, Cristina no cedía.
Como el traficante quería marcharse, Antonio intervino explicándole que era el director de un parque natural y que le interesaba adquirir algunas especies. Mientras cerraban el trato, llegaron Yago y Noemí con la policía y lo apresaron. Después los niños abrieron las jaulas y liberaron a las aves. ¡Qué maravilla ver el cielo lleno de pajaritos de colorines!
Regresaron a España con su cargamento de especias, frutas tropicales y otros alimentos exóticos. Los cerezos ya estaban en flor, se había cumplido el plazo dado por el rey para cumplir el desafío. ¿Tendría que casarse Estrella del Alba con Yago?

Estrella está muy contenta porque ha superado el desafío
En el salón real, sus majestades esperaban sentados en el trono, frente a ellos se encontraban los altos cargos del país. Al aparecer Estrella, se fueron apartando todos para cederle paso y que pudiera acercarse a los monarcas.
—Majestad, los príncipes están curados. Por favor, no me obliguéis a casarme.
— ¡Eso ya no será necesario! —gritó un hombre desde la puerta del salón.
— ¡¿Quién se atreve a oponerse a un designio real?! —gritó enfadado el rey mirando a aquél desconocido impertinente que se acercaba al trono. Le seguían dos mujeres y unos niños. Los murmullos se convirtieron en un silencio absoluto.

 
Los príncipes se han curado y están guapísimos
—Padre, somos Yago y Noemí, vuestros hijos. Estrella ha superado el desafío, prueba de ello es que estamos tan en forma que no nos habéis reconocido. Pero, padre, alegrad el corazón pues habrá boda: os presento a mi prometida, Sakura —anunció cogiéndola de la mano mientras ella saludaba inclinando la cabeza graciosamente.
El silencio se hizo más silencioso, que ya es decir… El rey no contestaba. Estaba tan contento que no podía ni hablar de la emoción. ¡Sus hijos se habían curado! De pronto, empezó a reír a carcajadas, se levantó y los abrazó. Luego, se acercó a Estrella y al Comando Lobo.
—Estrella, Comando Lobo, buen trabajo. Estáis invitados a la boda. Lo siento, Estrella, tú ya no serás la novia —bromeaba el rey.
Todos estallaron en risas y aplausos. A la semana siguiente, se celebró el enlace de Yago y Sakura en los jardines de palacio bajo un dosel de rosadas flores de cerezo. El banquete nupcial fue un éxito porque los príncipes, que ya eran expertos en gastronomía, habían encargado un menú exquisito. Además Estrella y el Comando Lobo les habían ayudado a prepararlo. 

Enlace de Yago y Sakura bajo los cerezos en flor

Y esta historieta termina con un espectacular castillo de fuegos artificiales y los agentes del Comando zampando como lobos, bebiendo cócteles de frutas y divirtiéndose con sus nuevos amigos.

Colorín colorado, problema solucionado y cuento acabado.


Casi todas las imágenes proceden de Pixabay.
Gracias a tantos fotógrafos que las comparten de forma altruista.

Los nombres de los niños no se corresponden con los de ninguna clase del Colegio «La Romanilla» porque, como son agentes secretos, utilizan un alias. 


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