miércoles, 17 de mayo de 2017

Mujer de agua, alma del río Duero

         En este relato se trata el tema de las parejas posesivas y se intenta hacer comprender que las personas no son objetos que se puedan poseer. A veces, se llega a quebrar a la pareja, pero nunca se consigue obligarla a amar, pues el amor y la voluntad son libres y no se pueden forzar.

         Esta entrada es adecuada para niños de segundo ciclo de ESO y de Bachillerato. No está protagonizada por el Comando Lobo.

Fotografía del blog: El rincón del trotamundos

8 de agosto. Castillo de Gormaz (Soria).

Lo sabía. Siempre lo he sabido, pero la razón no quería admitirlo. Desde pequeño, una extraña sensación me estremece cuando cruzo el puente sobre el río Duero y me dirijo al castillo; la brisa silba misterios que no entiendo, los peñascos callan antiguas historias, la fortaleza guarda secretos. Estoy sentado aquí arriba, con la espalda contra una de las torres de su muralla, intentando ordenar mis pensamientos. Desde este lugar privilegiado tomo distancia de los problemas, parece como si el viento peinara las ideas y todo se viera más claro; sin embargo, hoy los recuerdos se pelean con la razón.

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Unas semanas antes. 21 de junio. Castillo de Gormaz.

— ¿A qué hora llegarán los técnicos de la fundación, Rodrigo?
—A las cinco. ¿Has reunido toda la documentación sobre el castillo?
—Casi. Me gustaría conseguir unos planos que se conservan en los archivos del Burgo de Osma. Creo que contienen datos significativos para la restauración.
—Sigue intentándolo. ¿Tienes controlada a tu chica?
— ¡Qué cachondo eres! A Elvira no hay quien la controle, ella es el chef y manda a todos.
—Ya me entiendes, me refiero al catering.
—Eso no será un problema, lo tiene todo previsto.

La caja que financiaba la restauración había enviado a su equipo de técnicos para supervisar las actuaciones. La tarea estaba resultando ardua; tanto por el estado lamentable en el que se encontraban las ruinas como por la extensión del castillo: casi medio kilómetro de punta a punta, setecientos metros de muralla, veintiocho torres, las estancias palaciegas... La inspección sobre el terreno duró toda la tarde y, al anochecer, bajamos a cenar al campamento instalado a orillas del río Duero.
—Pero... ¿qué es esto? —preguntó Rodrigo con el rostro desencajado.
Pendones, mesas de madera, troncos por asiento, platos de barro, candelabros... aquello parecía un campamento medieval. De repente, apareció Elvira vestida al estilo de una dama de la corte.
—Estimados amigos, sed bienvenidos —Hizo una gran reverencia—. Hemos querido daros una pequeña sorpresa con este banquete medieval para celebrar la restauración de nuestro bienamado castillo de Gormaz.
A un gesto de su mano, aparecieron camareros, músicos y bailarinas con atuendos de la época. Rodrigo observaba preocupado la reacción del consejero.
—Os propongo que también vosotros os vistáis al uso del siglo décimo para esta fiesta. Mirad, hemos encargado trajes para todos —Elvira sonreía señalando una barra llena de ropajes.
El consejero miró a Rodrigo, Rodrigo al consejero. No podía articular palabra, solo levantó ligeramente los hombros como diciendo: “Soy inocente”. Yo, que tampoco sabía nada de aquel montaje, quería fundirme porque temía que echara al traste todo el proyecto.
Elvira, que no se arredra ante nada, seguía a lo suyo.
—Señor consejero, creo que usted sería un magnífico Cid Campeador.

El consejero podría representar al Cid Campeador

Todos estábamos fuera de juego esperando su reacción. Él se dio cuenta y soltó una gran risotada.
— ¡Hágase! ¡Vengan esas galas, señora, y que empiece el banquete! —exclamó, y se fue con Elvira a escoger sus ropajes.
—Si esto no acaba bien, recuérdame que te asesine —murmuró Rodrigo tras una sonrisa forzada y unos dientes que rechinaban.
No sé si fue por la majestuosidad del castillo que se erguía a nuestro lado, por la belleza del Duero o porque esa noche empezaba el verano, pero todos acogieron la idea con entusiasmo y muchas ganas de divertirse. 

Elvira
Elvira lucía como una estrella en el cielo. Siempre he pensado que la indumentaria es perversa y me explico: un traje de seda grana y plata la cubría casi por completo, pero realzaba maravillosamente sus curvas, un velo enmarcaba su rostro moreno en el que chispeaba una mirada intensa. Sonreía seductora y divertida. Era Elvira. La conocía y no la reconocía, al mismo tiempo. Era ella y no era ella, o quizás, era ella más que nunca: mujer femenina y sensual en estado puro. Aunque me acerqué con intención de besarla, se escabulló con no sé qué excusa del maquillaje.
—Ahora no. Toma, verás como he escogido bien tu traje –dijo mientras me entregaba mis vestiduras, y se fue.
¡Otra vez esa punzada que me atenaza el estómago! igual que cuando la abrazo. La abrazo para sentirla, la abrazo más fuerte para sentirla mía; sin embargo, es como querer retener agua entre las manos; al final, se escapa toda. Sí, ahora que lo pienso, Elvira es como el agua; no puedo poseerla, no puedo atraparla y quedármela, se me escapa.

Rodrigo me sacó de estas cavilaciones.
— ¿Tú de qué vas?
—Ni idea. Vamos a ver —contesté desplegando la ropa—. ¿Qué? ¿Un bandolero? ¡Ella va casi de princesa y para mí ha traído un disfraz de bandolero? Y encima ha dicho que ha escogido bien.
—De bandolero... o sea: un canalla... y los canallas ¿qué hacen? Canalladas, ¿no? Bueno, no es tan malo, es como si te hubiera dado patente de corso.
— ¡Ah, pues visto así…!
Enfundado en mi traje me sentía distinto, el estado de ánimo era otro. Yo era otro, Rodrigo también, con paso arrogante nos dirigimos a la fiesta.



Elvira había tomado el papel de anfitriona y, sentada junto al consejero, le explicaba cada uno de los manjares mientras este, hombre culto y de refinado paladar, apreciaba tanto el plato como su documentación histórica y gastronómica. Se diría que los dos estaban en su salsa. Los demás reían ya por efecto de los sorprendentes brebajes que nos habían servido.
—Rodrigo,  ¿quién es la chica del vestido dorado? La que está tumbada sobre la hierba y mira hacia aquí, ¿la ves?
—Sí, ya lo creo. ¡Vaya bombón! Lástima, no la conozco.
—Eso tiene fácil solución. ¿No somos bandoleros? ¡pues al asalto! —le dije echándole el brazo sobre la espalda y empujándolo.


Marisol

—Saludos, mi reina —le solté mientras hacía una reverencia de los tiempos de María Castaña—. Porque debéis saber que para nosotros ya no hay más reina que vos.
—Soy la reina de los mares y del cielo, también —contestó distante, casi hierática, muy en su papel. Esa reacción tan fría me cortó un momento, mas pensé que nos seguía el cuento y continué la faena.
—Y tan hermosa dama, ¿cómo se llama?
—Marisol.
— Mar... y sol... ¡Claro! No podía ser de otra forma siendo la reina de los mares y del cielo. ¿Permitirá su alteza que estos pobres vasallos la inviten a una copa?
Su móvil empezó a sonar.
—Perdonad –se excusó. Luego se fue. 
Tenía unos ojos fascinantes. Sí, fascinantes es la palabra, porque aquellas largas pestañas y aquella mirada de agua marina entre azul y verde me habían poseído.

La cena había sido acogida con tanto éxito, que decidimos mantener la recreación medieval durante unos días. Elvira había terminado de recoger y se marchaba a Soria.
—Hola, cariño. Nosotros volvemos al restaurante. Nos vemos después.
Me dio un abrazo y un beso, de esos espléndidos.

Castillo de Gormaz. Fotografía de Lugares con historia

        Ahora que lo pienso, todo era extraño. ¿Quién era Marisol? ¿Fui yo quién tomó la iniciativa o fue ella quien me provocó y yo caí como un imbécil? ¿Por qué estaba tan molesto con Elvira? ¿Porque no podía dominarla? ¿Porque no me fiaba de ella? Bien pensado, no me había dado ningún motivo para desconfiar. No sabía lo que me sucedía, era una desazón que me volvía loco, supongo que por eso decidí hacer rabiar a Elvira y buscar a la tal Marisol.
La vi subiendo al castillo. ¿Dónde iba? ¿Había olvidado algo aquella tarde?
— ¡Marisol! ¿Permite su alteza que la acompañe? Por su seguridad..., está muy oscuro.
— ¿Y con un bandolero estaré más segura? ¿Qué me robarás las perlas o el corazón?
—No podría escoger porque sois bella como una perla y tendría que llevaros entera con corazón incluido.
Me había quedado de cine, ¿no? De película medieval, claro. Ella empezó a reír mientras una niebla espesa lo envolvía todo y desapareció, en ese instante, creo que perdí la consciencia.



Día 22 de junio. A la puerta del castillo de Gormaz.

Chaval, bonita resaca. ¿Cuántos brebajes tomaste ayer, eh? ¡Espabila! —gritaba Rodrigo que no es precisamente delicado despertando a los demás—. ¿Qué demonios haces en el castillo?
—No lo sé. Anoche estaba aquí con Marisol y desapareció.
—Sí, sí, claro... pero tú tranquilo que eso es normal; es lo que tienen los brebajes medievales que cuando se acaban desaparecen las damas de la corte. Bajemos, que no sé ni cómo se me ha ocurrido subir hasta aquí a buscarte. A ver qué le explicarás a Elvira. La tienes la mar de contenta.
Todo era confuso, la verdad es que nada tenía sentido. ¿Había bebido demasiado? ¿Lo había  soñado? Entonces, ¿por qué estaba a la puerta del castillo? Al menos le había tocado la fibra sensible a Elvira..., el caso es que eso tampoco me hacía sentir mejor.
¿Qué había sucedido? Aunque Busqué a Marisol para preguntárselo, no la encontré en todo el día, nadie parecía conocerla. Estaba intrigado. Al atardecer la descubrí paseando a orillas del Duero.
 — ¡Marisol! ¿Dónde vas? ¿Te vienes de marcha?
—No — respondió un “no” simple, directo. Y ahora ¿qué? Cambio de táctica.
—La verdad es que a mí tampoco me apetece mucho jaleo, te he seguido porque me gustas.
—No me conoces, ¿cómo puedes saber si te gusto o no?
—Pues lo sé, me gustas, llevo todo el día buscándote, estoy obsesionado, quizá me esté enamorando —Contesté. Usar el amor siempre ha dado resultado con las mujeres.
—Cuidado: el amor es como el agua, que cala y embruja.
Y diciendo esto empezó a llover tan fuerte que la cortina de agua no me dejaba ver nada. Se me había escapado otra vez. Chorreando y cabreado regresé al campamento.


Castillo de Gormaz

Día 23 de junio. En las excavaciones del castillo de Gormaz.

—Rodrigo, te aseguro que esa mujer desaparece.
—Sí, hombre. Estás zumbado, di que no sabes ligar y que las chicas huyen de ti. De seguir así, se acaba la restauración y a la tal Marisol, ni probarla.
— ¡Calla! ni me lo recuerdes que cada vez estoy más negro. Tiene que ser mía. Te lo juro. Esta noche la espero cerca del río y...
Pasada la media noche la sorprendí bañándose en el río. Esperé a que saliera del agua.
—Marisol, ¿esta noche también desaparecerás?
— ¡Qué bandolero tan obstinado! —exclamó con fastidio.
—Sí, el que la sigue, la consigue. Y yo estoy empeñado en conseguirte.
—No puedes. Las mujeres no se poseen.
—Sí, puedo –de mi garganta salió una voz extrañamente grave que no reconocía como mía.
—Entonces, además de un bandolero terco, serás un canalla. Muy propio de los bandoleros.
La cogí con fuerza del brazo para que no pudiera escapar. Ella me miró con unos ojos azules sobrenaturales, mientras se fundía como el hielo entre las llamas. En la superficie del río veía reflejada su imagen y aquella mirada glacial que se había clavado en mí y que me estaba congelando por dentro.
—Puedes quebrar a una mujer, pero no por ello la harás tuya. La voluntad y el amor son intangibles, jamás podrás sujetarlos a tu antojo —me advirtió antes de diluirse por completo.
¡Qué rabia! Rabia porque la maldita tenía razón. Y lo peor no es que ella no fuera fácil, sino que yo era un estúpido.

Mujer de agua


 Día 24 de Junio. Media noche cerca del puente árabe que cruza el río Duero.

—Marisol, espera. Solo quiero hablar contigo —Ella no, y se iba sin hacerme caso.
—Eres un pesado. ¿Crees que puedes arrebatarme por la fuerza lo que no estoy dispuesta a darte? ¿De verdad vale algo para ti si tienes que exigirlo? —preguntó retadora.
—No, no vale nada —admití en tono de rendición.
—Recuerda —su voz tenía el sonido de las olas del río—
          El amor es como el agua,
          que penetra y embruja,
 y solo tiene sentido
                    si tú quieres ser el mar
          y ella desea ser la playa.
Entonces te esperará
                    siempre dispuesta a acogerte,
          arribes en suaves olas,
rompas embravecido
          o llegues cansado buscando una playa donde descansar
                    y sentirte amado y protegido.

—Lo sé; el único amor que vale es el que te entregan libremente. El amor no se puede aprisionar ni retener, se escapa como el agua entre las manos, pero me ha costado aceptarlo porque da miedo que se acabe.
— ¡Ay, Bandolero, es lo que merecerías por canalla!
—Vale, mi reina  —Tuve que reírme porque me lo había ganado—. Os acompañaré a casa.
— No es necesario, ya estoy en casa –susurró mientras se convertía en agua que se dirigía al río.
Después, nada, el murmullo del Duero. 


Y se convirtió en agua, en agua del río Duero.



Día 8 de agosto. Castillo de Gormaz.

El sol se pone, todavía estoy aquí arriba distraído contemplando la inmensidad de Castilla: un cielo más claro y alto que ninguno; una llanura infinita entretejida de verdes campos y trigales, que mecidos por la brisa, parecen un mar dorado bordado de amapolas; un castillo imponente desde el que un halcón levanta el vuelo y planea hasta el hermoso Duero que me devuelve a mis pensamientos. 

El campamento ya no está, Marisol no ha vuelto y yo le pregunto al río:
—Río Duero, ¿quién era Marisol? ¿Una mujer de agua? ¿Tu alma, río Duero?

Fotografía: Antonio Pulido Pastor
Río Duero. Fotografía de Wikimedia

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Quiero dedicar esta entrada a todos los hombres y mujeres que son maltratados porque sus parejas los consideran objetos de su propiedad, y no comprenden que se puede quebrar a una persona, pero no obligarla a querer. El amor y la voluntad son libres.


miércoles, 10 de mayo de 2017

Cartas - Estrenando el cuaderno de campo


Al llegar la primavera, muchas escuelas organizan excursiones a la sierra y pueden aprovechar la ocasión para explicar qué es un cuaderno de campo y que los niños empiecen uno. 

He enviado al cole de Roquetas de Mar una caja con diverso material y tres cartas. En ellas pido colaboración a los alumnos aficionados a las aves y a las plantas para que expliquen a los demás qué es cada cosa. (No olvidéis que estos niños existen realmente)


En la entrada «Un mundo por descubrir» tenéis un relato y, a continuación, las cartas dirigidas a los alumnos, solo os falta buscar una caja y llenarla con unos cuadernos o «libretas excursionistas», fotos de animales y plantas y algún material natural. Seguramente, mis cartas no os servirán porque no hallaréis las mismas cosas, pero ahí está la idea. 

Procurad comentar algo que les llame la curiosidad, que les incite a investigar. Meted las cartas en sobres, cerradlas y dirigidlas a ellos. No hay nada como recibir una carta y abrirla. Hacedles sentir que su misión es importante.  

Plumas de: 2 cernícalo, picapinos, chotacabras, busardo ratonero, milano real
 
En Abejar, a ocho de mayo de 2017


¡Hola, Víctor! ¡Hola, Susi!:
¿Qué tal estáis? Soy María, la escritora de las aventuras del Comando Lobo.
Os he enviado una cajita con algunas cosas que he encontrado en la sierra para que empecéis vuestros cuadernos de campo. Ya sabes que los Agentes Especiales de Protección de la Naturaleza llevan una libretita en la que anotan las cosas interesantes que se encuentran.
Como sé que os gustan mucho las aves he metido unas plumas. Las más grandes son de cigüeña, luego hay un paquetito con plumas de paloma bravía, otro con plumas de urraca y un tercero con plumas de cernícalo, picapinos, chotacabras, busardo ratonero y milano real. El busardo y el milano son águilas; el cernícalo, un pequeño halcón.
Algunas de estas plumas se les habrán caído a los pájaros durante la muda que es cuando renuevan el plumaje, pero las de urraca las recogí todas bajo un árbol. Eso significa que un águila la cazó y la desplumó sobre una rama. Las de paloma las encontré en el pueblo, así que seguramente, se la merendó un gato.
Fijaos en que tienen diferentes formas y tamaños según en qué parte del cuerpo estén. Son muy importantes para los pájaros porque les permiten volar y les protegen del frío y del calor. Pensad que los pájaros no viven dentro de una casa y tienen que aguantar la lluvia, la nieve, el viento y el calor. Sin plumas se morirían.
Ahora podéis investigar como son las palomas bravías y las urracas. A las urracas les gusta adornar sus nidos con cosas de colorines. Son unos pájaros la mar de inteligentes, si encuentran mucha comida, la entierran en diferentes sitios para zampársela cuando no haya nada. Y si una urraca ve que otra espía donde ha escondido su comida, luego la cambia de lugar para que no se la robe. Ja, ja, ja… ¡qué listas son!
Las palomas bravías son muy buenas volando y esquivando a las águilas, por eso se llaman bravías (bravas). En mi pueblo viven en los huecos del tejado de la iglesia y en alguna casa abandonada. Cuando llega el milano real o el milano negro levantan el vuelo en una bandada fantástica, se dan una vueltecita y otra vez al tejado.
En el campanario de la iglesia hay tres nidos de cigüeñas. ¿Sabéis que un nido de cigüeña pesa tanto como un coche pequeño? ¡Uff, espero que no me caiga nunca encima! Es normal que sean nidos muy grandes porque las cigüeñas también lo son: pesan entre 2.5 y 4.5 kg y pueden llegar a medir 125 cm de alto, 115 cm de largo y sus alas abiertas miden 215 cm. ¿Cuánto medís vosotros de alto? Decidme la verdad, ¿la cigüeña os gana? Si es así, no será por mucho tiempo, seguro que pronto dais un estirón y se queda más bajita que vosotros.
Por favor, Víctor y Susi, encargaos de explicar o de leer estas cosas al resto de Agentes Especiales para que también ellos sepan algo de aves. Repartid las plumas de paloma y de urraca entre vuestros compañeros. Gracias por vuestra colaboración.
Os mando un gran abrazo o, mejor, un aleteo de milano.
María – Milano Negro



¿A qué la lavanda huele de maravilla? ¿Cuántos perfumes llevan su esencia?


En Abejar, a ocho de mayo de 2017


¡Hola, Jaime!:
¿Qué tal te va? Una pajarita que se llama Cristina me ha dicho que te encantan las plantas y que cuidas, por lo menos, quince. A mí, también, me gustan mucho. ¿Puedes hacer algo por mí? Os he enviado una caja con algunas cosas para que podáis estrenar vuestro cuaderno de campo de Agente Especial del Comando Lobo.
Ya sabes que algunos vegetales son comestibles, otros son medicinales, pero seguro que también sabes que hay unos cuantos muy venenosos. Estaba dudando entre enviarlos o no, pero después he pensado que sois Agentes Especiales y que necesitáis conocer estas plantas peligrosas. ¿Puedo confiar en ti para que se lo expliques a tus compañeros?
El eléboro, el muérdago y la cicuta son tóxicos, jamás comáis las bolitas del muérdago, ni confundáis la cicuta con el perejil aunque las hojas sean tan parecidas. Verás también una ramita de acebo con sus bolitas rojas. Esta planta está protegida y no puede cogerse porque muchas aves en peligro de extinción se alimentan de ella como el urogallo.  Yo la he cortado de un jardín, no de un acebal (bosque de acebos).
El enebro es esa tan pinchosa con bolitas verdes, que al madurar se vuelven negras. Las bolitas se llaman enebrinas y se utilizan para aromatizar comidas y algunos licores como la ginebra.
He puesto romero y tomillo para que aprendáis a diferenciarlos. Ambos tienen propiedades medicinales y se utilizan en la cocina porque dan muy buen sabor a las carnes.
Jaime, dales a César* y a Isabella* el tomillo, el romero, el eléboro y la cicuta para que los huelan y os expliquen cómo es el aroma: agradable, apestoso, fresco, delicado… Chafad una enebrina y oled, ya veréis qué sorpresa. Después que toquen las hojas de roble secas y las que acaban de salir esta primavera. ¿A que las nuevas son suaves como un peluche? En cambio, las del enebro y el acebo, ¡cómo pinchan!
Reparte una hoja de roble a cada uno de tus compañeros. Podéis investigar cómo es un roble, ya veréis qué copa tan bonita, grande y redonda. Y su fruto, ¿sabéis cuál es y quién se lo come? Y con su madera, ¿qué se hace? ¿Cómo se llama un bosque de robles?
Y por último, verás una cosa muy rara como peluchosa. No es una criatura marciana, tranquilo, pero es algo especial: se llama liquen y está formado por un hongo, un alga y una levadura. ¿A que es raro?
Forman una asociación que se llama simbiosis. Ya sé que «simbiosis» es una palabra extraña, pero los Agentes Especiales conocen palabras especiales, ¿no? Es sencillo: «simbiosis» significa que el hongo, el alga y la levadura son superamigos y han decidido vivir juntos para ayudarse y poder sobrevivir en lugares que no les son del todo favorables.
Aunque miréis muy bien al liquen no veréis ni los hongos ni las algas porque son microscópicos y solo se pueden ver con un microscopio. Vive sobre los árboles y las piedras en lugares húmedos y cuando cubren mucho los árboles parece como si el bosque fuera un lugar misterioso y embrujado. Pero nada de eso, solo son líquenes tan contentos de vivir sobre un roble.
Bueno, Jaime. Seguro que ya se te habrán ocurrido un montón de cosas para investigar sobre estas plantitas, ¿verdad? Ya me lo imaginaba, ja, ja, ja.
Por favor, cuando terminéis de examinar y dibujar las plantas tóxicas, dáselas a la señorita Cristina para que se las lleve. Confío en ti. Es importante que no se queden por ahí y que nadie se coma una bolita pensando que es una chuchería. Con estas plantas solo pueden trabajar los Agentes Especiales. Gracias por tu ayuda.
Un fuerte abrazo.
María – Milano Negro
* Isabella y César son invidentes

El tritón jaspeado no es un ingrediente para pociones de brujería.

En Abejar, a ocho de mayo de 2017


¡Hola, Susana! ¡Hola, Laia!:
¿Qué tal, chicas? A ver si podéis ayudarme con las cositas de la caja que os he enviado.
Os he metido unas piñas chiquitinas la mar de bonitas y otras grandotas. Las piñitas son de pino albar y ya no crecen más, las más grandes son de pino negral, y también sus hojas, que se llaman acículas, son más largas. Supongo que por Almería habrá pino piñonero, y si tuviéramos una piña, veríais que todavía es mayor que la del pino negral.
Un  buen Agente Especial del Comando Lobo sabe rastrear por las huellas y también por otros indicios/señales que dejan los animales. En una bolsa encontraréis piñas mordidas. ¿Viéndolas sabríais quién se las ha comido? Es fácil: las que estás roídas dejando hilos, se las ha comido una ardilla; si estuvieran comidas sin dejar hilos, habría sido un ratón. El ratón empezaría mordiendo un ladito porque no tiene unas manos tan hábiles como las de la ardilla. Ella va comiendo y dando la vuelta a la piña y solo deja el copete.
Hay otras piñas que tienen las escamas como rotas, esas las han abierto los pájaros picapinos y el piquituerto para comerse los piñones. Los piñones del pino albar y del pino negral no son como los piñones del pino piñonero que son los que nos comemos las personas. Os he dejado unos piñones en un papelito. Por cierto, un bosque de pinos se llama pinar.
A veces, parece que las piñas tengan magia porque se abren y se cierran ellas solitas. Cuando se mojan, se cierran; y al secarse, se abren otra vez. Curioso, ¿verdad? Meted una piña en agua y ya veréis cómo está al día siguiente, luego dejadla al sol durante unos días para que se seque y volverá a abrirse.
¿Qué más he metido en la caja? ¡Ah, sí! Unos cuernos de corzo. A los corzos, los ciervos, los alces y los renos cada año les crecen unos cuernos que les sirven pelear entre ellos. Las hembras escogen al macho que gana las peleas y que tiene la cornamenta más espectacular. Los jóvenes tienen unos cuernos con menos puntas.
Al llegar el invierno esos cuernos se caen y es cuando mi perro se los encuentra y viene tan contento pensando que se ha encontrado un hueso para comer. Ja, ja, ja. Mi husky está muy loco.
Bueno, él se encuentra cuernos de corzo y yo, fósiles. Un fósil es una planta o un animal que se quedó atrapado entre el barro hace muchos millones de años y se convertió en piedra (petrificó). Os envío fósiles en los que se ven marcas de almejas. ¿Serían de la misma época que los dinosaurios?  Yo no me imagino a un dino comiendo almejitas… no sé qué pensar…
Por favor, regalad una piñita de pino albar a cada compañero de clase, las otras dejadlas en la caja en clase para que podáis verlas todos.
No os olvidéis de dibujarlas en vuestro cuaderno de campo y de apuntar de qué pino es cada una.
Me encantaría que me escribierais y me contarais todo lo que habéis hecho y si os gusta que os envíe cosas de Soria. Gracias por vuestra ayuda.
Abrazos y más abrazos
María – Milano Negro

Óxido de manganeso. Parece el fósil de una planta, pero no lo es.

domingo, 26 de marzo de 2017

Rastreando lobos




Entrada dedicada a todos los voluntarios del Censo del Lobo Ibérico y a los vecinos de Solana del Pino.
En este relato se trata: el rastreo de lobos, la orientación utilizando el sol y las estrellas, la caza furtiva y las profesiones.


RASTREANDO LOBOS
Los niños llegaron a su aula, la vieron y se quedaron indecisos en el umbral de la puerta sin atreverse a entrar. Cristina apareció dos minutos después.
—Señorita, ahí dentro hay una chica muy diferente —avisó TAREK a su maestra.
— ¿Ah, sí? Muy diferente, ¿por qué?
— ¡Caray, seño!, porque está en clase pero no es pequeña como nosotros ni tampoco es una señorita de este colegio —le aclararon SUSI y LAIA.
—Tiene unos ojos muy grandes y bonitos y nos ha sonreído como sonríen las personas simpáticas. —La describió AURORA.
—Vaya, vaya… así que es joven y guapa. —Dedujo Cristina—. Entre todos le habéis hecho un buen escaneo, ¿eh?
—No es eso…, es que los agentes especiales somos muy observadores —se defendió SUSANA.   

Ariadna

— ¡Ya! Vamos a conocerla. Entrad en clase —les pidió la maestra—. Buenos días. Tú debes de ser la compañera de Antonio, ¿verdad?
—Sí, soy Ariadna. Estoy en el grupo como bióloga.
— ¿Ves, seño? ¿A que es muy diferente?, nosotras nunca habíamos oído ese nombre — aseguraron BLANCA y SUSI.
—Es el nombre de una princesa griega—dijo Ariadna con aire de misterio—.  Seguro que no conocéis la historia de Ariadna y Teseo, el chico que entró en el laberinto del Minotauro. —Los niños negaron con la cabeza—. Entonces, os la contaré luego. Podéis llamarme Ari, es como me llaman mis amigos.
—Ari, explícales por qué has venido.
—Ya sabéis que al norte del río Duero viven algunos lobos; en cambio, al sur quedan muy pocos o ninguno. Si queremos protegerlos, es necesario averiguar cuántos hay, y para censarlos, se han formado grupos de voluntarios en toda España. (Censo del Lobo Ibérico - Voluntariado nacional)
— ¿Qué es censarlos? —La interrumpió IKER.
—Censar es contar. Antonio me ha dicho que sois los agentes especiales del Comando Lobo y que, seguramente, os apuntaríais aunque la tarea sea difícil.
—No hay problema. Nosotros contamos de maravilla, y sumamos, restamos y multiplicamos. ¿A que sí, señorita? —dijo ISABELLA.


—Bueno…, pero esto es más complicado que contar. Ellos necesitan rastreadores —especificó Cristina.
—Resulta casi imposible ver al lobo porque teme a los hombres y se esconde. Sabe que los cazadores lo matan si lo encuentran —explicó Ariadna.
— ¿Cómo vamos a contarlos si no los vemos? —preguntó SOFÍA desconcertada.
—Ahí está la dificultad: primero hay que detectar su existencia a través de marcas; después, si hay suerte, quizá lograremos verlos o grabarlos con alguna cámara.
—Es como ser detectives y buscar pistas, ¿no? Huellas, pelo… —Adivinó JAIME.
—Exacto. También, marcan sus territorios con rascaduras, cacas y orina.
— ¡Qué guarrada! —exclamó JULIA con cara de asco —. ¿Por qué hacen eso? —Quiso saber, luego, interesada siempre en llegar al fondo de los asuntos.
—El olfato de los lobos es mucho mejor que el nuestro y, como ellos no tienen móvil ni WhatsApp, ni Facebook, ni Telegram, dejan mensajes en forma de olor. Es su forma de decir: «Aquí vive un lobo. Cuidadito, si te metes en mi territorio» o «Soy una loba que busca pareja».
—Nosotros encontramos a Rayo, un lobo atrapado en un cepo, porque aullaba —Recordó CÉSAR.
—Sí, es otro indicio de la presencia de lobos, aunque algunos perros también aúllan. Otras pistas son: los restos de caza, los cubiles donde crían a sus cachorros y los sitios donde se encaman. Ya os he advertido de que no será un trabajito fácil.
—Pues nosotros te advertimos a ti de que tenemos muy buena vista y de que sabemos investigar en modo ninja que es en modo silencio total para que no nos descubran —la informó LAIA de carrerilla muy orgullosa de su técnica—. ¿No te das cuenta de que estás hablando con los agentes especiales del Comando Lobo? —Ariadna y Cristina se echaron a reír. 


—En ese caso, avisaremos a vuestros padres porque pasaremos una semana en Solana del Pino rastreando lobos por sierra Madrona —dijo Cristina. Al instante, la emoción contenida de los niños se desbordó y saltaban de alegría ante la idea de una nueva aventura.
— ¡Entonces, no tendremos clase! — pensó en voz alta DALILA dando palmas.
— ¿Cómo que no tendremos clase? ¡Claro que sí, nos la llevamos al campo! Sin daros cuenta estudiaréis: Astronomía, Biología, Geografía, Historia…
—Seño, para… que nos vamos a cansar antes de salir —suplicó IVÁN en broma.
—Atendedme un momento, por favor —pidió Ariadna—.  Aquí os dejo una lista con el material necesario. No importa si no conseguís prismáticos o calibre para medir, ya os los prestaremos. Sobre todo, no olvidéis vuestro cuaderno de campo —les recordó antes de despedirse y marcharse. Cristina les dio la tarde libre para que prepararan las mochilas y quedaron al día siguiente a la puerta del colegio.


 Aunque eran las siete de la mañana, habían llegado puntuales y esperaban impacientes a que pasaran a recogerlos. Un autobús de dos plantas de un color anaranjado rabioso entró en la plaza armando ruido y aparcó delante del colegio. Tan pronto se abrieron las puertas, bajaron Ariadna y Antonio.
— ¡Buenos días, Comando Lobo! Me alegro de veros tan despiertos —los saludó Antonio. Tras los besos y los abrazos, les dijo—: Prestadme atención que empezaremos aquí y ahora el entrenamiento. Para ser rastreador es importante entender los mapas y saber orientarse, de lo contrario, es fácil perderse en el campo. 
Ariadna les entregó un mapa de la ruta que iban a seguir desde Roquetas hasta su destino en Solana del Pino.
—En los mapas hay un símbolo que indica los puntos cardinales: norte, sur, este y oeste. Para que vosotros sepáis qué camino tomar, debéis colocar el norte del mapa en la misma dirección que el norte de la Tierra. ¿Cómo se sabe dónde está el norte?
—Con un aparato que se llama brújula. La señorita Cristina nos lo explicó en clase —contestó TAREK.
—Sí, señor, pero el sol nos chivará un truquillo para cuando no tengáis brújula.  Grabadlo bien en vuestra memoria de agente especial. Mirad: está amaneciendo. Si ponéis los brazos en cruz con la mano derecha señalando a la salida del sol, ahí tenéis el este; la mano izquierda, indica el oeste que es por donde se pone el sol; delante de vosotros está el norte, y a vuestra espalda, el sur. 


— ¡Anda, qué truco más sencillo! Entonces, pongo el mapa, así, ¿no? —preguntó  ELENA alineando el norte del mapa con el norte de la Tierra.
—Perfecto. Acercaos, necesito pediros un favor —susurró Antonio—. ¿Podéis ayudarme a guiar al conductor del autobús? Es que nunca ha viajado hasta Solana del Pino y si se equivoca de carretera… acabaremos en cualquier otro pueblo.
—No te preocupes, Antonio. Lo vigilaremos de cerca, tan de cerca que me voy a sentar detrás de él y voy a comprobar la dirección y las ciudades por las que pasamos no sea que se despiste —dijo LAURA muy decidida.
—Ja, ja, ja —se reía Antonio—. No hace falta que le hagas un marcaje tan corto, a ver si lo pones nervioso.  Pero está bien la idea: cada media hora, dos de vosotros pasáis a primera fila. Eso sí, no molestéis al conductor, avisadme a mí si se desvía de la ruta.
Salvo los dos compañeros que estaban de guardia, los demás se habían acomodado en el segundo piso del autobús que tenía mejores vistas. Iban entretenidos hablando de sus cosas y, al mismo tiempo, fijándose en los paisajes y las ciudades que atravesaban. No querían acabar en mitad de Sevilla pues allí no hay lobos que rastrear. 

Contemplando Solana del Pino

Se dirigieron al oeste, entraron en la provincia de Granada; luego giraron hacia el norte para atravesar Jaén; a continuación, Ciudad Real y, finalmente, llegaron a Solana del Pino. Por el camino, habían recogido a otros voluntarios que también iban a participar en el censo: Manuel, Vero, José, Kike, Silvia, Juan, Sara…. Por suerte, eran muchas las personas interesadas en el lobo y formaban un equipo multidisciplinar/de muy variadas profesiones: biólogos, ingenieros forestales, fotógrafos, militares, periodistas, veterinarios, maestras, enfermeras, publicistas, cocineros, guardas de bosque, escritores…


 La tarde transcurrió entre preparativos: primero, formaron grupos en los que había especialistas en rastreo junto con personas inexpertas; a continuación, marcaron las zonas que exploraría cada uno sobre un mapa; y, finalmente,  Antonio y Ariadna dieron una pequeña charla sobre las distintas marcas que deja el lobo y cómo diferenciarlas de las de otros animales.
Cuando terminaron y salieron a la calle ya casi anochecía. La temperatura era deliciosa y Julita y Paloma, unas vecinas encantadoras, se ofrecieron a enseñarles el pueblo. Solana se encuentra al sur de sierra Morena, en el valle de los ríos Montoro y Robledillo, rodeada de dehesas, campos de labor y bosques mediterráneos; así que, contemplando aquel panorama, era fácil imaginar lobos corriendo por los peñascales.  Los voluntarios cenaron juntos, charlaron, compartieron preocupaciones por el lobo, pero también hubo tiempo para bromear y divertirse un rato y estrechar amistades.  


Al día siguiente, CAROLINA abrió los ojos y se quedó mirando aquella habitación desconocida, después recordó que estaba en Solana del Pino y se levantó como si la cama tuviera un muelle y la hubiera lanzado por los aires.
— ¡Chicos, arriba, arriba! ¡Que hoy empieza la misión! —gritaba CAROLINA despertando a sus compañeros.
En pocos minutos el Comando Lobo estaba preparado para la acción y en la calle donde se iban reuniendo los demás rastreadores. 


—A ver, chavales, ¿quién es bueno con los mapas? —preguntó Manuel—. ¿A quién se le dan bien las mediciones? Y también necesitamos a alguien que tenga buena letra para anotar los datos. —Se levantaron muchísimas manos pues los agentes especiales son especiales porque saben de todo. De modo que, no hubo problemas a la hora de repartir las tareas. 


—Está amaneciendo. Fijaos bien en qué lugar está el sol para orientaros. —Les recordó Cristina—. Mirad el mapa y el paisaje para reconocerlo.
—Este mapa tiene demasiados bichos raros aquí dentro —murmuró NORA confundida—. Yo creo que es un mapa para perderse, no para encontrarse…
—Ja, Ja, ja —Se reía Antonio—. Algo de razón llevas, es que es un mapa topográfico, pero ya te acostumbrarás. Ven conmigo y te iré explicando qué es cada cosa sobre el terreno. ¡Vámonos! 

Amanecer
 Los miembros del Comando Lobo se repartieron en dos grupos.  SUSI, TAREK, BLANCA, ISABELLA, JAIME, CÉSAR, DALILA, LAURA, ELENA, NORA,  DAVID, VÍCTOR y JAZZMIN iban con Antonio, Ariadna y su husky, Inuki. IVÁN, JULIO, CAROLINA, ÁLEX, ALBERTO, AMIR, VICTORIA, JULIA, SOFÍA, IKER, SUSANA, AURORA y ERICK se marcharon con Cristina, Manuel y su perrita, Xana. En las mañanas de primavera, el coro de pájaros que cantan desde la aurora es un regalo para los oídos y los niños escuchaban sorprendidos la variedad de trinos y melodías. Participaban en el concierto: ruiseñores, petirrojos, alondras, pinzones, mirlos...

Ariadna con Inuki

— ¡He encontrado un SMS lobuno! —anunció de pronto JAZZMIN la mar de contenta.
— ¿Qué dices, JAZZMIN? —preguntó DAVID sorprendido al escuchar «SMS lobuno».
—Digo que aquí hay un SMS. ¿No explicó Antonio que las cacas son como mensajes que se dejan los animales? Pues aquí hay uno y bien largo, ja, ja, ja.
—Xana, tú que entiendes el idioma de los perros, ¿sabes qué dice este mensaje? —le preguntó VÍCTOR muy serio a la perra, pero Xana lo husmeó y se fue sin hacerle caso. No era un mensaje para ella. Inuki, en cambio, lo meó para dejar un recuerdo de que había pasado por allí.

 
Manuel y Xana
Tras examinar el excremento, Manuel les explicó que era de zorro por su tamaño y forma. Siguieron explorando por aquella pista forestal muy atentos a cualquier indicio. El otro grupo, había bajado hasta el curso de un arroyo y andaban fijándose en las huellas marcadas en la arena fina de la orilla.
— ¡Ari, ven! ¡Aquí hay una huella! —exclamó ÁLEX satisfecho de ser el primero en encontrar un rastro.
—Debe de ser de un gato montés. Los gatos llevan las uñas escondidas y no las marcan cuando dejan huella. Por contra, los lobos, los perros y los zorros no tienen uñas retráctiles y las dejan marcadas en suelos blandos como este. La huella es muy profunda y definida, pero no hay señales de uñas, seguro que es de un felino.
—Pues estas sí que tienen marcadas las uñas— dijo AMIR unos metros más allá.
—Tampoco, es de lobo. Fijaos en la forma y posición de las almohadillas y en las uñas, son demasiado afiladas —les explicó Ariadna—. Esta huella es de un animal más pequeño, un tejón. 
 
El tejón deja las uñas marcadas en su huella
Antonio les enseñó una fotografía con distintas huellas para que pudieran comparar. Muchos animales se acercaban a beber al río durante la noche, por ese motivo, en aquella playa arenosa, identificaron rastros de jabalíes, ciervos, zorros…, pero ninguna de lobo.
En los días siguientes trabajaron muy duro, aprendieron a distinguir rastros, excrementos, rascaduras y otros indicios de actividad; sin embargo, no había señales de su animal favorito. 
 
Antonio tomando fotografías en Solana del Pino
—Es una pena que no encontremos lobos. Esta investigación no servirá de nada —se lamentó ERICK con una mueca de contrariedad muy graciosa.
— ¡Claro que servirá! Si no hay lobos, servirá para pedir que se reintroduzcan porque es una vergüenza que los hayan extinguido. Y si encontráramos alguno, servirá para exigir con más energía que lo protejan debidamente porque hay poquísimos. ¡Que nadie se rinda, ¿eh?! —los animó Manuel.
—No nos estamos rindiendo, estamos enfadados porque el monte está lleno de cabras, ciervos, jabalíes y toda clase de bichos menos lobos —aclaró ALBERTO con un gesto que abarcaba toda la montaña que tenía en frente. 

Un lugar tan favorable y ni un lobo...
Siguieron explorando aquellas montañas desde el amanecer hasta la puesta de sol. Se internaron en los parajes más recónditos. Vestidos con sus trajes de camuflaje, se deslizaban sigilosos como los ninjas, iban atentos a cualquier pista como un buen investigador, tomando nota en su cuaderno de campo de cada hallazgo, hasta que una tarde…
—Manuel, me parece que este WhatsApp podría ser de un lobo —dijo IKER y SUSANA añadió—: Fíjate: es grande, tiene restos de pelo de algún animal que se ha comido y está en lo alto de una roca como avisando a todos de que aquí vive un lobo.
— ¡Caramba! Creo que esta vez sí que hemos encontrado una caca de lobo. Medidla, dibujadla y la embolsaremos para que la analicen en el laboratorio. No olvidéis poner la fecha y el lugar.

Manuel fotografiando SMS lobunos
Aunque oscurecía rápidamente, estaban tan contentos con este hallazgo que se animaron a investigar un poco más la zona.
—Me parece que tenemos algo… —anunciaron al cabo de un ratito LAIA y ALBERTO—: es un rastro.
Cristina y Ariadna se acercaron a comprobar aquellas huellas con cuidado para no estropearlas, Antonio y Manuel también las examinaron, y los chicos. Todos estaban de acuerdo en que eran bastante claras como para sospechar que pudieran ser de lobo puesto que en esa zona nunca se habían visto perros. ¡Qué emoción! Por fin había esperanzas.
Ya había caído la noche y como si, en alguna parte, un lobo tuviera telepatía con ellos y conociera sus pensamientos aulló. Fue un aullido largo, sonaba lejano, pero a todos les pareció que el lobo se alegraba de tener tantos amigos en su valle. 


Un disparo destrozó la magia del momento, y la preocupación y el miedo por la vida del lobo se instalaron en el corazón de todos.
—Estaos quietos y callados —ordenó Manuel—. No es época de caza, seguro que son cazadores furtivos y esos son capaces de cualquier salvajada.
—Estamos en peligro —advirtió Cristina—. Es mejor buscar un refugio porque, en la oscuridad, nos pueden pegar un tiro si ven algo que se mueve.
—Antes hemos dejado atrás una cueva —recordó Ari—. Podemos resguardar a los niños allí. 
—Bien pensado. Está al norte. Llevaos la brújula —dijo Antonio.
Al abrir la mochila, un nuevo disparo lo sobresaltó, la brújula le cayó de las manos y se hizo añicos. Todos miraron con desolación los pequeños cristales brillando en el suelo. La situación empeoraba por momentos.
—La estrella Polar señala el norte, nos orientaremos por ella —propuso Cristina.
— ¡Qué chicas más listas hay en esta expedición! —Pensó Antonio.
Las estrellas brillan espléndidas en el limpio cielo de Solana. Buscaron la constelación de la Osa Mayor; luego, la Osa Menor y, una vez supieron cuál era la estrella Polar, se pusieron en camino. Aunque la cueva no se encontraba muy lejos, el camino les resultó muy penoso a oscuras, sobre todo, porque seguían escuchando tiros y existía el riesgo de que los hiriera una bala perdida. 

 
Fotografía: http://nuevaweb.apavallesanchinarro.es/wp-content/uploads/2014/10/Estrella_Polar.jpeg

Una vez a salvo, intentaron llamar al SEPRONA para que fuera en busca de los cazadores, pero en el interior de la cueva no había cobertura, ni siquiera a la entrada. Antonio y Manuel decidieron escalar un roquedo cercano por si, desde aquella altura, se recibía señal. Cristina, Ariadna y los chicos se adentraron en la cueva, mientras, IVÁN y JULIO vigilaban a la entrada.
Al cabo de unos quince minutos, distinguieron en la oscuridad las figuras borrosas de dos hombres que avanzaban hacia ellos. JULIO iba a llamarlos pensando que eran Antonio y Manuel que regresaban. De repente, IVÁN le tapó la boca y lo tiró al suelo.
—No digas nada, JULIO —le susurró al oído—. No son Antonio y Manuel. He visto la silueta de los rifles. Son los cazadores.
Se arrastraron como serpientes hacia el interior de la cueva y avisaron a los demás. Rápidamente, todos se escondieron al fondo, detrás de las rocas y entre las grietas. Los furtivos se detuvieron al llegar a su altura.
— ¿Por qué no nos quedamos un par de días más a ver si conseguimos matar a ese lobo? Aunque la pieza que nos llevamos a Madrid no está nada mal para…—El cazador dejó la frase a medias y miró hacia el interior de la cueva— Me ha parecido oír algo. 


Los niños se encogieron y dejaron de respirar. Veían a los cazadores con los rifles recortados contra el cielo débilmente iluminado por la luna. De forma inesperada, algo pasó volando a ras de la cabeza del hombre y lo sobresaltó.
— ¡Malditos murciélagos! ¡Qué susto me han dado! ¡Voy a pegarles tiros hasta que no quede ni uno en la cueva! —chilló furioso. No le dio tiempo. Antonio y Manuel estaban de vuelta y, al escucharlos, se les echaron encima y los derribaron. Puñetazos, patadas y gritos estremecían a todas las criaturas del valle. De pronto, se callaron en seco. Cristina y Ariadna los encañonaban con los rifles que habían perdido durante la pelea. Una vez tomado el control, los agentes especiales del Comando Lobo los ataron de pies y manos.
¡Qué nervios habían pasado! Y qué contentos estaban de haber atrapado a aquellos dos sinvergüenzas que mataban de forma ilegal. Ahora venía lo peor: descubrir qué llevaban en el saco.
— ¿Y si es nuestro lobo? —preguntó con un hilo de voz JULIA. La angustia de todos era tremenda. Antonio abrió con lentitud el saco, como sin ganas, porque hubiera lo que hubiera, se llevarían un disgusto.
—No es un lobo —dijo para alivio de todos; sin embargo, el tono de voz era de un profundo pesar—. Es peor, hay un lince y un gato montés —A Antonio se le llenaron los ojos de lágrimas. Nunca lo habían visto llorar, pero aquella matanza no era para menos.
— ¡Serán desgraciados! —gritó con rabia ÁLEX—. Matar a un animal en peligro de extinción… Me dan ganas de tirarles piedras a esas cabezotas tan huecas.
—No, no lo hagas. Es mejor que un juez los condene a pagar una multa que los arruine y a unos añitos de prisión para que reflexionen. ¡Déjalos que sufran un poco, hombre!
Los chicos estaban furiosos y tristes a partes iguales. Para distraerlos, Ariadna decidió contarles la historia de Teseo en el laberinto del Minotauro. Con el paso de las horas, empezaron a relajarse y a sentirse muy cansados.
—Nos quedaremos aquí hasta mañana porque no hemos podido avisar a nadie, y sin brújula y a oscuras… es mejor esperar hasta el amanecer. Total, ya falta poco. Intentad dormir. Contad ovejitas o, mejor, lobos —les sugirió Antonio.
—Una cosa o la otra, porque si viene el lobo y se encuentra a las ovejas, se las zampará, ja, ja, ja —comentó AURORA—. Y primero tendremos que sumar ovejas y, luego, restarlas — añadió ISABELLA entre risas. 


Muchas ovejas que contar: una, dos, tres...
—Me gustan las ovejas. No quiero que se las coma —se quejó SOFÍA con enfado—. Cuando no puedo dormir, papá me dice que cuente ovejas saltando una valla, pero así no me duermo porque unas ovejas quieren saltar y otras no, se ponen de espaldas y se hacen las despistadas. Como no se dejan contar, entonces imagino que me meto en el rebaño, cojo un corderito y me tumbo con él sobre la paja nueva. Es tan suave que lo acaricio y lo abrazo y, entonces —balbuceó mientras bostezaba—, viendo la carita tan dulce del corderito, me quedo… —Ya no terminó la frase. Se había dormido. 

Dulces sueños en compañía del corderito
Poco a poco, a casi todos les venció el sueño. Solo quienes hacían guardia vigilando a los furtivos se mantenían bien despiertos.  Las horas pasaban con lentitud y, en el silencio de la noche, se escuchaban, de vez en cuando, sonidos de distintos animales: el ulular de un cárabo, una pelea de zorros, el ladrido de los corzos… Y entre todas aquellas voces, casi al alba, oyeron de nuevo el aullido del lobo.
— ¡Está aquí, el lobo está aquí! ¡Despertaos, escuchad! —Los llamó a gritos CÉSAR.
La excitación era máxima, se agolparon a la entrada de la cueva y afinaron el oído. No había ninguna duda, eran lobos. Posiblemente, dos. 

Manuel contesta al lobo con un aullido

— ¿Dónde están? —preguntó ERICK mirando al valle  por si lograba avistarlos.
Para orientarse, los niños miraron el resplandor del sol que empezaba a asomar por el este.
—Parece que los aullidos vienen del sur —afirmó con total seguridad CAROLINA señalando en aquella dirección.
Aunque nada les apetecía más que seguir explorando, tuvieron que volver a Solana donde entregaron a los maleantes a la Guardia Civil. Se tomaron un día de descanso para dormir, bañarse en la piscina y comer. Miguel Ángel les había preparado un buen banquete porque decía que tenían que reponer fuerzas para seguir buscando a los lobos. 

¿Dónde estarán los lobos?

Dos días después, volvían a estar en el paraje donde escucharon los aullidos. Más entusiasmados que nunca los pequeños espías ponían los cinco sentidos intentando detectar el más mínimo detalle de la presencia lobuna. Registrar toda una montaña era una tarea tremenda.
—Quizá los disparos de los cazadores los asustaron y se han marchado, y por eso no encontramos nuevas pistas —comentaban LAURA y NORA.
— ¿Ah, sí? —preguntó en tono burlón JAIME invitándolas a mirar por el objetivo que Antonio le había dejado hacía un rato—. Y esos dos, ¿qué son?, ¿chuchos pulgosos? —LAURA  y NORA se acercaron y miraron en la dirección señalada. 
—¡¡¡Sí, sí, síííí…!!! Por fin. ¡Es una pareja de lobos! —anunciaron sin gritar para que los animales no las oyeran. 
—Déjadme ver... Sí, chavales, son lobos —confirmó Antonio—. Esperad…, hay más…, veo un cubil…, a la entrada hay un cachorro.

Lobos en Solana del Pino
— ¿Vamos hasta allí para verlos mejor? —preguntaron emocionadas BLANCA y DALILA.
—Ni hablar. Si los molestamos, se marcharán —les advirtió DAVID con muy buen criterio—. Nunca debemos acercarnos a los lugares de cría ni a los sitios donde se alimentan.
Un estallido de alegría revolucionó a los agentes especiales del Comando Lobo, a los compañeros del Censo del Lobo Ibérico y, también, a los vecinos de Solana del Pino. Dicen que la alegría es contagiosa, y será verdad porque los solaneros, gente acogedora como ninguna, organizó una fiesta por todo lo alto. No solo tenía la suerte de estar en un entorno precioso sino que contaba con el mejor representante de la naturaleza salvaje: el lobo. 

Manuel colocando cámaras de fototrampeo
En los días siguientes, los expertos empezaron a trabajar: Ariadna tomó muestras para analizarlas en el laboratorio de la Universidad, Antonio y Cristina redactaron informes, Manuel colocó cámaras de fototrampeo…, cada voluntario del censo colaboraba según su profesión y especialidad y los agentes del Comando Lobo los ayudaban recordando detalles y aportando los datos que habían anotado en sus cuadernos de campo.
—Seño, cuando regresemos a Roquetas, podríamos jugar a periodistas y explicar esta misión a los compañeros del cole —. Propuso ELENA—. Ahora, sabemos mucho…
— ¡Un micrófono te voy a regalar yo a ti para que des las noticias! Ja, ja, ja, pero me encanta tu propuesta.
El Comando Lobo ya tiene otra misión: dar a conocer los resultados del censo de lobos ibéricos y divulgar su importancia en los ecosistemas.
Dando una conferencia sobre el lobo a sus compañeros del cole
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Las fotografías de Solana del Pino y de sierra Madrona han sido cedidas amablemente por los vecinos de Solana y por Antonio y Manuel.  Gracias a todos.

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Cómo personalizar el relato para vuestros alumnos

Si en los libros de texto que utilizáis se colocan frente al sol para orientarse, canviad el texto del relato por el siguiente:
—Sí, señor. Pero cuando no tenemos una brújula a mano, el sol nos chivará un truquillo. Mirad: ahora, está amaneciendo. Poneos de cara al sol con los brazos en cruz. Recordad esto en vuestra memoria de agente especial: delante de vosotros, por donde sale el sol, es el este; a vuestra espalda está el oeste, que es por donde se pondrá el sol; vuestra mano derecha, marca el sur; y la mano izquierda, el norte.