lunes, 20 de febrero de 2017

Un gorrión en el cole

Gorrión común - macho
Un relato para trabajar con los niños la conservación de los pájaros. La Sociedad Española de Ornitología escogió al gorrión como ave del año 2016 por ser una especie cuya población está en declive. Al ser una especie oportunista se recuperaría a poco que le facilitáramos la existencia. Otras especies, sin embargo, tienen un futuro mucho más complicado. Bueno será que la juventud tenga consciencia de ello. 
Por cierto, aunque la escena de los padres parezca exagerada por histérica, se dio en la vida real. Existen hombres y mujeres con un miedo irracional a los pájaros. Conviene, pues, que enseñemos a los chavales a no temer lo que no reprenta ningún preligro. 

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Gorrión común - macho

Unos alaridos escalofriantes se escuchaban en el colegio «La Romanilla» de Roquetas de Mar.  Y golpes, y estruendo de objetos cayendo al suelo. La secretaria dio la voz de alarma al Comando Lobo.
—Unos padres están reunidos con la directora. Al parecer, hay un bicho en el despacho y se ha armado follón impresionante. Necesitamos vuestra ayuda.
Cristina y sus alumnos la siguieron corriendo.
— ¿Qué animal es? ¿Una tarántula venenosa? ¿Una víbora? ¿Un tigre del circo que se ha escapado? ¿Una plaga de cucarachas? A lo mejor es un ratón… —aventuró JULIO.
—No sé, chicos.
Todas la madres chillan alguna vez, eso ya lo sabemos; pero, sin duda, aquella era la campeona de todas las campeonas.
— ¡Aaaah! —Se escuchaban los gritos atronadores en todo el colegio.


Al entrar en el despacho, encontraron un estropicio tremendo: sillas por el suelo, libros y documentos desparramados, lámparas rotas… La directora estaba en un rincón con cara de incredulidad; el padre, encima de la mesa; la madre, escondida en un armario. ¿Y el terrible bicho? ¡Ah, pues ni idea! Allí no se veía ninguno.
— ¿Qué ha sucedido aquí? —preguntó Cristina—. ¿En qué podemos ayudaros?
— ¡Llevaos al monstruo! ¡No pienso salir hasta que no os llevéis ese monstruo! —exclamó la madre entreabriendo un poco la puerta del armario.
—Tranquila, señora. ¿Dónde está el animal? —intentó apaciguarla  NORA.
El padre, un poco avergonzado al ver que los niños no se asustaban, bajo de la mesa. Por más que buscaban, los agentes del Comando Lobo no encontraban ningún bicho peligroso. Cristina miró a la directora.
—Estábamos sentados hablando muy tranquilos y, de repente, un gorrión se ha colado por la ventana y ha aterrizado encima de la mesa. Los padres se han asustado y han armado todo este lío dando manotazos al pájaro, empujándose y gritando.


— ¿El monstruo peligroso es un gorrión? —preguntó IVÁN un tanto sorprendido.
—Pues sí —contestó la directora—. Lo sé: un comportamiento exagerado, pero… —les susurró con discreción para que no la oyera la madre.
—Torcuata, sal de ahí, por favor —le suplicaba el marido—. El peligro ya ha pasado. Estás haciendo el ridículo.
— ¡Te digo que no salgo hasta que maten al pajarraco ese!
Cuando los niños escucharon que pretendía que mataran al gorrión, se enfadaron mucho.
—Entonces, señora Torcuata, se quedará en el armario toda la vida porque el Comando Lobo salva animales, no los mata —le advirtió JASSMIN.
En ese momento, empezó a llorar desconsolada. 


—Hay que sosegar a esta mujer o le dará un ataque al corazón—advirtió Cristina preocupada.
—Señora, no se preocupe que nos llevaremos al gorrión y podrá salir dentro de unos minutitos —la calmó SOFÍA con un tono muy suave—. No le pasará a usted nada.
Eso era fácil de prometer y difícil de cumplir porque con el desbarajuste que habían armado no encontraban al pájaro.
—Quizá ha vuelto a salir por la ventana —supuso AMIR.
Todos los niños estaban atareados buscando al gorrión: levantaban sillas, recogían papeles, movían libros, revisaban cajones… 
— ¡Está aquí! Ha caído dentro de la papelera —dijo DAVID que siempre lo pierde todo, y mira por dónde, ese día encontró lo que nadie encontraba: el gorrión.


Se formó un corro en torno a la papelera. Al fondo, entre unos papeles arrugados, había un pollito que los miraba con ojitos muy abiertos, preso del pánico aleteaba intentando escapar.
—Este pajarito está aterrorizado. Como ha escuchado que quieren matarlo…
— ¿Hay aquí algún experto en aves? —preguntó Cristina. VÍCTOR y SUSI levantaron la mano.
—No te preocupes, seño, sabemos coger pajaritos sin despanzurrarlos —aseguró SUSI.
—Ven aquí gorrioncito—dijo VÍCTOR sujetando al ave con suavidad y firmeza al mismo tiempo. 


Los agentes especiales se llevaron al pollito a su clase; mientras, la directora le decía a la madre que ya podía salir del armario y le ofrecía un vaso de agua para tranquilizarla.
—Lo mejor será traerle una jaula al pájaro para que tenga su casa —recomendó TAREK con buena intención
—Ni se os ocurra. Se morirá. Los gorriones se agobian/estresan si están encerrados. Empiezan a revolotear muy nerviosos, se agotan y mueren —explicó ISABELLA.
— ¿Qué hacemos, entonces? —preguntó JAIME.
—Pues soltarlo, claro. Lo mejor es dejarlo en el alféizar de la ventana con un poco de agua y alpiste. Cuando esté recuperado, él solito echará a volar —sugirió CAROLINA.
Como en ese momento no tenían alpiste, echaron unas migas de pan y colocaron un cacharrito con un poco de agua, luego SUSI dejó con mucho cuidado al gorrión y se alejó lentamente de la ventana. 
Los pollitos tienen el reborde del pico amarillo
 Los chicos se sentaron en el suelo al fondo de la clase para que el gorrión no los viera cerca y se asustara, y empezaron a charlar mientras lo vigilaban.
—Mirad cómo se arregla/acicala las plumas con el pico. Es un pajarín muy presumido —afirmó BLANCA.
—Claro, si no mantiene las plumas limpias y ordenadas no puede volar bien y, además, se moriría de frío o de calor —explicó ÁLEX
—Los gorriones no es que sean muy bonitos… —comentó ELENA.
— ¿Por qué dices eso? —Quiso saber LAIA.


—Su plumaje es poco llamativo, casi aburrido.
—Eso es porque van en traje de camuflaje. Es para esconderse mejor y confundirse con el color del suelo y las plantas y que no se los coman los gatos y otros pájaros —explicó SUSANA.
— ¡Ah!, vale, ahora lo entiendo —dijo ELENA.
—Pues a mí, me parecen simpáticos. Siempre van en grupito y revolotean y pían como si estuvieran jugando todo el rato. Son como nosotros cuando nos estamos divirtiendo en el patio del cole: unos escandalosos —dijo  ERICK y se echó a reír.

Gorrión molinero
 —Tienen una alegría contagiosa. Yo me pongo contenta al oírlos cantar en el árbol que hay delante de casa —reconoció LAURA.
—Es una pena que cada vez haya menos —comentó la señorita.
— ¿Eso es verdad?
—Por desgracia, sí. Les hacemos la vida imposible: contaminamos el aire y el agua, echamos insecticidas y herbicidas que envenenan a los insectos, no les dejamos lugares para anidar, los atropellamos, se matan al chocar contra los cristales de las ventanas… son demasiados problemas y ellos son muy pequeños para luchar contra nosotros.

Gorrión atravesado por la antena del coche
Los niños se quedaron en silencio pensando y mirando al pobre gorrión que todavía estaba en la ventana. Agitó las plumas para recolocarlas y dio un saltito. Era gracioso aquel pájaro. Luego, otro saltito hasta el bote del agua y bebió un poco.
—Es un gorrión moruno —musitó VÍCTOR.
— ¿Moruno? ¿Qué quieres decir? —preguntó JULIA.
—En España, hay cinco clases de gorriones: el común, el moruno, el chillón, el alpino y el molinero; y este es un gorrión moruno —les informó VÍCTOR
— ¡Anda! No me había fijado nunca —dijo JULIA—. ¿Cómo los distingues?
—Por el color de las plumas. El moruno tiene la cabeza de color rojizo, un antifaz negro en los ojos, la mejilla blanca y unas bandas negras en la espalda y a los lados del pecho. Las hembras son menos coloridas que los machos —aclaró SUSI.

Gorrión moruno - macho
—Seño, estoy preocupada por los gorriones —confesó CÉSAR—. Yo no quiero que se acaben para siempre.
—Ni tú ni nosotros tampoco —añadieron los demás.
—Sabéis esto lo que significa, ¿no? —preguntó Cristina guiñándoles un ojo.
—Pues claro: ¡misión del Comando Lobo! —exclamaron  animados.
Al oírlos, el gorrión sobresaltado levantó el vuelo.
—Mirad: el gorrión se ha ido al árbol de enfrente —señaló IKER.
— ¡Uff, qué alivio! —Suspiró DALILA—. Estoy contenta de que pueda volar.
Al instante, una bandada de gorriones piaba y revoloteaba entre las ramas.

—Sus amigos le están dando la bienvenida y preguntándole dónde ha estado y qué le ha pasado —dijo ALBERTO imaginándose la escena.
—Pues el gorrión les explicará que se encontrado con una señora loca loca de remate y que chillaba como si un tiburón le estuviera mordiendo la pierna —añadió JAIME. Y todos se echaron a reír.
—No os riáis, todos tenemos miedo de algo: de la oscuridad, de las arañas, de los perros, de las alturas… —les regañó AURORA.
—Ya, pero ¿qué daño puede hacer un pájaro tan chiquitín? —preguntó LAIA.
—Ninguno, pero la mujer no entiende de aves y todo lo inesperado o desconocido asusta. A veces, es miedo a que puedan contagiar una enfermedad —explicó CRISTINA.
—Pueden contagiar enfermedades, pero un teléfono móvil, un asiento del autobús o un billete tienen muchísimos más microbios que un pájaro. Además, si no lo toca…, no hay peligro de nada. Y si lo toca, con lavarse las manos, problema arreglado. No hay motivo para temer a los pájaros —aseguró VÍCTOR.

Los pájaros son amigos, no hay razón para temerlos.
—Seño, ¿hablamos de la misión gorrión, porfa? —pidió CAROLINA.
—Bien. ¿Por dónde empezamos?
—Pues por el principio, como hacemos siempre. Señorita, parece mentira que no sepas cómo trabajamos en el Comando Lobo. Antes que nada, nos vamos a la biblioteca del cole a investigar al gorrión y anotamos toda la información en nuestro cuaderno de campo —dijo BLANCA.
A Cristina se le escapaba un poco la risa al escuchar a BLANCA hablando tan seria, pero llevaba razón: ese era el protocolo, así que se fueron a la biblioteca. Buscando en libros y por Internet pronto se hicieron una idea clara de las amenazas que soporta el gorrión y, en general, todas las aves.
—No sé vosotros qué pensáis, pero creo que debemos ayudar a los pájaros, porque los humanos los estamos perjudicando mucho —opinó ÁLEX .
Como los demás estaban de acuerdo, en un pispás decidieron que construirían comederos y casetas para aves, también, bebederos porque en Almería hace mucho calor.


Las clases eran muy entretenidas porque habían instalado un comedero en la ventana y, a menudo, aterrizaba una pandilla de gorriones alborotadores y entre chiu, chiu y chiu, chiu se zampaban el alpiste y las pipas y, luego, se marchaban otra vez. Alegraban la vista un montón. Los chicos continuaban, después, con su tarea y muy pronto terminaron de montar los nidales y los comederos.
El viernes por la tarde, salieron con Cristina para colgarlos. Primero, instalaron unos cuantos en el patio de su colegio; a continuación, por los parques de Roquetas y, finalmente, en los jardines de las casas si los dueños lo permitían. Fue un gran trabajo. 

Ahora, los agentes especiales también entendían de gorriones y, cuando salían a la calle, se habían acostumbrado a fijarse en cualquier ser alado. Y fue así como, por casualidad, IVÁN y JULIO descubrieron que colirrojos y gorriones anidaban en las grietas y bajo las tejas de un edificio en ruinas. Veían entrar a los padres con gusanitos en el pico y salir al instante. Seguro que allí dentro tenían pollitos.  

Gorrión con hierbas para acondicionar el nido
  
Una mañana, camino del colegio, JULIO vio que una brigada de operarios estaba cercando aquel edificio y que una excavadora y un martillo demoledor estaban preparados para derribarlo. El niño se acercó a un hombre que estaba dando órdenes a los demás y le dijo:
—Perdone, señor, ¿van a tirar esa casa?
—Sí, chaval. El Ayuntamiento construirá un polideportivo en este solar.  Vete de aquí que es peligroso.
—Hay nidos de gorriones. ¿No pueden esperar unos días hasta que abandonen el nido?
—Mira, nene, déjate de pájaros y márchate inmediatamente.
JULIO entendió enseguida que aquel hombretón no le haría ningún caso, así que corrió todo lo rápido que pudo hasta el colegio y entró en clase como un torbellino, la cara colorada y casi sin poder respirar.
—Amigos, tenemos una emergencia: van a tirar la casa donde viven los gorriones y los colirrojos. ¡Y todavía hay pollitos que no sabe volar! —exclamó JULIO nerviosísimo.

Al instante se armó un revuelo formidable. No podían consentir que derribaran aquellas ruinas con los pollos dentro.
—Coged las chaquetas que nos vamos —les mándó Cristina—. Le haremos una visita al alcalde.
— ¡Comando Lobo en acción! ¡Aúúú! —aullaron todos los agentes especiales y, sin entretenerse ni un segundo más, emprendieron el camino hacia el Ayuntamiento de Roquetas de Mar.
—Buenos días, somos el Comando Lobo del colegio «La Romanilla». ¿Sería tan amable de decirle al señor alcalde que queremos hablar con él, por favor? —solicitó ALBERTO con mucha educación como le había enseñado Cristina.
—El alcalde está ocupado. Os daré hora para la semana que viene.
—No, no. Ha de ser ahora mismo. Es una urgencia. Van a derribar una casa y hay alguien dentro —Se apresuró a explicar CÉSAR.
— ¡Madre mía! Entonces pasad, pasad, enseguida —dijo la secretaria al tiempo que les abría la puerta del despacho—. Gabriel, lo de estos chicos no puede esperar: dicen que hay alguien en la casona que van a demoler en los terrenos del polideportivo nuevo.
— ¿Cómo que hay alguien dentro?, si está en ruinas… —Se extrañó el buen hombre.



     —Verá, señor, muchos gorriones y colirrojos y golondrinas y aviones han construido sus nidos en esa casa abandonada —explicó LAURA.
— ¿Cómo? ¿Me estáis hablando de pájaros? Creía que había personas.
—No, nadie ha dicho que fueran personas —aclaró NORA.
Gabriel, el alcalde, no sabía si enfadarse o reírse con el desparpajo de aquellos niños.
—Compréndalo: si la destruyen morirán todos los pollos que todavía no vuelan —dijo SOFÍA.
—Usted sabe que los pájaros son importantes porque se comen los mosquitos y, aquí, tenemos invasión de mosquitos cada verano —insistió AMIR en tono convincente.
—También, se alimentan de otros insectos malos para los cultivos y, aquí, hay cantidad de  invernaderos y no queremos plagas, ¿verdad? —remarcó JASSMIN.
—Y, además, cada vez hay menos gorriones y si matamos a sus pollitos… —SUSANA  dejó la frase sin terminar porque no hacía falta, todos lo entendían.

Un nido entre las tejas
—Vale, vale…, ya veo que me tenéis rodeado. Me rindo —dijo Gabriel sonriendo.
—Total solo tendrían que esperar quince días —calculó IKER. No es mucho. Luego los polluelos habrán abandonado el nido y nadie saldrá perjudicado.
—De acuerdo —Aceptó Gabriel y llamó a la secretaria— Marina, llama a Pepe y dile que valle el terreno y que la demolición la dejaremos para final de mes.
—Muchas gracias —dijo ELENA sonriendo agradecida.
—De nada. Hasta pronto.
Los chicos se miraban y cuchicheaban algo discretamente entre ellos, se notaba que todavía les quedaba algo por decir. AURORA miró a  Cristina como pidiéndole permiso, y esta, al alcalde.
—A ver… ¿qué se os ha quedado en el tintero?
—Ya que es tan majo y protege a los pájaros, ¿por qué no pone nidales en el Ayuntamiento, en el polideportivo nuevo y en todos los edificios y jardines?  —le sugirió ISABELLA.
— Y pegatinas o vinilos adhesivos en las cristaleras para que las vean y no choquen contra ellas — añadió TAREK.

En esta ventana se refleja el paisaje y los pájaros chocan contra el cristal

Poner pegatinas o vinilos adhesivos hace visible el cristal
—Yo creo que Roquetas sería más bonita si tuviera muchas aves —comentó DAVID.
—Vosotros no os rendís nunca, ¿verdad? —preguntó divertido Gabriel—. No me parece mala idea. Se lo comentaré al consejero de obras y urbanismo para que lo tenga en cuenta en todas las construcciones municipales.
Volvieron a darle las gracias y se marcharon tan contentos. De regreso al colegio, pasaron por delante de la casona en ruinas. Aún estaba en pie, los operarios se habían marchado y se había recuperado la tranquilidad. Gorriones, colirrojos, golondrinas, aviones y vencejos entraban y salían de sus nidos muy atareados alimentando a sus pollitos. 


—Traeremos comederos y los colgaremos del vallado. Los pollitos solo se alimentan de insectos, pero el alpiste y las pipas les vendrán bien a los padres —Pensó ERICK.
—Es una idea estupenda. ¡Misión gorrión cumplida! Y, ahora, ¿qué os parece si nos vamos a jugar a la playa? —propuso Cristina.
Tocaba divertirse un rato y se acercaron al mar, pero…
—Oye, gaviota, ¿tienes algún problema? —le preguntaba DALILA a una gaviota que andaba por la orilla del agua.
—Deja a la gaviota. No le busques los tres pies a la gaviota… que ya me veo en una próxima misión gaviota —Pensó para sí misma CRISTINA.
¡Hay que ver cómo son estos agentes especiales! Me pregunto cuál será la siguiente misión, y vosotros, ¿lo adivináis?




Cómo personalizar el relato para vuestros alumnos 


sábado, 11 de febrero de 2017

Los linces del Comando Lobo




Temas que se tratan en este relato
Proyecto Lince. La reintroducción de una pareja de linces da pie al estudio de todo lo referido a este felino en peligro de extinción: hábitat, alimentación, peligros a los que se enfrenta, etc. Pueden dedicarle una ficha de su cuaderno de campo.
Matemáticas. En este relato se les pide colaboración como especialistas en cálculo. Es una forma de darles a entender la utilidad de las matemáticas. Como curiosidad y para que practiquen sumas (2º primaria) he incluido la sucesión de Fibonacci. Si se desea, puede eliminarse esa parte borrando el texto de color malva.
Vocabulario. Los agentes especiales conocen palabras especiales como: cubil, vivar de conejos, vallado cinegético, canchal, roquedo, berrocal o los nombres de aves y plantas.
Geografía. En color malva están remarcados los lugares que conviene cambiar por unos más próximos a la zona de otros niños protagonistas.
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Al final de la clase, colgaba un panel con los nombres de los alumnos expertos en distintas materias. Antonio y Cristina llevaban unos minutos frente a él comentando algo.
—Ya ves que tenemos especialistas en felinos, también, en economía, en plantas… —explicó Cristina.
—Necesito que sepan matemáticas. En esta misión son importantes.
— ¡Oye!, que mis alumnos suman, restan y ya están aprendiendo las tablas de multiplicar.
Los niños esperaban intrigados porque, cuando Antonio aparecía por el colegio «La Romanilla» de Roquetas de Mar, era para adiestrarlos como agentes especiales del Comando Lobo o para llevárselos en alguna misión. Habían escuchado las palabras misión, sumar y tablas de multiplicar; pero ¿qué tenían que ver las matemáticas con las misiones?
—Escuchadme un momento, chicos. Nos han pedido ayuda para un proyecto, aunque es imprescindible que los colaboradores sepan matemáticas. ¿Tenemos algún especialista en esta asignatura? —preguntó Antonio.
—Las Mates no es que nos gusten mucho, la verdad… —confesó ELENA por lo bajini.
— ¡Por supuesto que sabemos Matemáticas! —dijo alto y claro SOFÍA.
— ¿De qué va el proyecto? —quiso saber CAROLINA.

—El lince ibérico es un animal parecido a un gato muy grande, pertenece a la familia de los felinos como el león y el tigre. Tiene unas orejas con pinceles, barba, cola corta y pelaje moteado. Solo vive en España y está en peligro de extinción.
— ¿Extinción significa que ya no queda ninguno? —preguntó IKER.
—Exacto. Hay tan pocos que, si no los cuidamos, desaparecerán para siempre, se extinguirán. Hay personas intentando evitar que esto ocurra; crían linces que luego sueltan en la sierra para que vivan en libertad. Quieren traer una pareja a Almería y me preguntaron si el Comando Lobo colaboraría en este proyecto.
— ¡Hombre, claro que sí! —exclamó LAURA dispuesta a todo.
—Os advierto de que no es una misión como las anteriores, no vamos a hacer rescates, esta vez necesitamos técnicos, agentes que sepan calcular, que entiendan de biología…
—Antonio, somos buenos en Mates y, también, en Ciencias Naturales —insistió DAVID.
—Entonces, cuento con vosotros. El sábado saldremos al monte a investigar dónde podrían vivir los linces. Antes de eso, procurad informaros bien sobre todo lo relacionado con este felino: alimentación, hábitat, costumbres, forma de cazar, cría…
— ¿Hacemos una como una ficha del cuaderno de campo? —preguntó JAIME.
—Muy bien pensado, JAIME. Reunid todos los datos que podáis. Nos vemos el sábado.
Antonio se fue a comunicar a las autoridades que el Comando Lobo ya estaba trabajando en el proyecto. En el colegio «La Romanilla» hacía poco que habían inaugurado una biblioteca estupenda y Cristina los llevó para que empezaran a investigar. 

La Biblioteca del cole «La Romanilla» es chulísima.
 Buscaron en la enciclopedia y en los libros de fauna toda la información sobre linces y la anotaron en sus cuadernos de campo. Después estuvieron un rato dibujando aquel gatazo tan elegante con sus pincelitos en las orejas, sus largos bigotes y su barba.
Aún era de noche cuando, el sábado, los Agentes del Comando Lobo se reunieron a la puerta del colegio con sus mochilas. Las caritas de sueño y frío se transformaron en sonrisas y excitación al ver llegar los todoterrenos.
— ¡Buenos días, Cristina! —saludó Antonio—. ¡Hola, chavales! ¿Estáis despiertos o qué? Estos son mis compañeros: Miguel Ángel, Margarita y Alfredo. Subid a los coches que nos vamos. 

Los chicos se repartieron entre los cinco vehículos y emprendieron el viaje. Mientras ellos ascendían a Sierra Nevada el sol aparecía sobre el mar y se desperezaba estirando lentamente sus rayos, luego se lavaba la cara en el agua y, despierto ya, empezaba a brillar y a calentar Almería. Allá abajo, el mar parecía lleno de espejitos relucientes; arriba, se iluminaba el verdor del bosque, el blanco deslumbrante de la sierra aún nevada y los impresionantes picos Mulhacén y Veleta rasgaban el cielo azul. Las vistas eran sobrecogedoras por la altitud, por la belleza, por la tranquilidad. Desayunaron contemplando aquel paisaje tan hermoso antes de empezar su investigación.

Antonio
—Vamos a buscar un lugar adecuado para los linces. ¿Sabéis cuál es su hábitat?
—Viven en zonas arboladas, pero con pastos en los que haya arbustos para refugiarse o esconderse cuando van de caza —especificó JULIO.
—Necesitan un territorio de unos 10km2 para vivir, es… ¡como 100 campos de fútbol! —aclaró SUSANA para que los demás se hicieran una idea de la extensión.
—Buscarán cubiles de roca, troncos o matorral donde criar a sus cachorros —explicó AMIR.
—Sobre todo, que tenga muchos conejos, roedores, aves, rayones, corzos… para alimentarse —añadió ÁLEX.
— ¡Caray! Habéis estudiado el tema a fondo —exclamó Antonio sorprendido—. Vamos a repartirnos en cuatro grupos y exploraremos esta sierra. Anotad en vuestros cuadernos de campo las plantas y los animales que encontréis, en especial, los conejos y las liebres.

Conejo

La liebre tiene las orejas más grandes que las del conejo
Cada equipo partió en dirección a un punto cardinal: norte, sur, este y oeste. Cristina y DALILA, VÍCTOR, ISABELLA, AMIR, IKER, NORA, JASSMIN, SUSI y TAREK se dirigieron al oeste por un terreno bastante pedregoso. NORA iba apuntando la fauna y DALILA la flora que los demás les dictaban: «Roble melojo, pino nevadensis, encina, enebro, majuelo, lentisco, acebuche, madreselva…» cuando, de pronto, se giran y DALILA ya no está.
— ¿Dónde te has metido, DALILA? ¡DALILA! —la llamó VÍCTOR a gritos. Pero su compañera no contestaba.
Cristina y el resto del grupo, que habían escuchado los gritos, se acercaron enseguida a ver qué sucedía. ¿Dónde estaba DALILA? ¿Cómo había desaparecido de forma tan misteriosa? Todos estaban en tensión, la voz se les estrangulaba en la garganta y apenas podían hablar. Empezaron a buscarla de inmediato.
DALILA abrió los ojos, estaba oscuro, el brazo le dolía y notó un escozor tremendo en la mejilla. ¡Qué angustia! Había perdido el conocimiento durante unos minutos, pero recordaba dónde estaba y gritó, gritó con todas sus fuerzas.
— ¡Socorro! ¡He caído en un agujero!
 
¿Estás ahí, Dalila? -preguntaba Víctor
La voz de DALILA rompió el silencio y resonó por toda la montaña en forma de eco. Sus compañeros acudieron al instante. Cristina sacó una cuerda de la mochila y la anudó a un árbol, luego se descolgó por ella hasta el interior de una pequeña cueva. Las dos se abrazaron felices de verse. La niña no se había roto nada, tenía algunos rasguños en la cara y estaba un poco asustada; pero solo un poco porque los agentes especiales, cuando se acuerdan de que son agentes especiales, enseguida, se olvidan del miedo y se ponen a buscar una solución a cualquier problema.
—He atado a DALILA. Por favor, tirad de la cuerda para subirla —pidió Cristina a los chicos. Y estos se colocaron a lo largo de la cuerda, la sujetaron con fuerza y empezaron a izarla. Después subió Cristina trepando con mucha agilidad.
—Esta seño es muy mona, mona por guapa y por trepadora —pensó en voz alta JASSMIN y todos se echaron a reír de buena gana, tanto por la ocurrencia de JASSMIN como por la satisfacción de haber rescatado a DALILA
Por la tarde los grupos volvieron a reunirse y pusieron en común sus hallazgos. La zona oeste estaba llena de grietas, igual que había caído DALILA podían caer los linces, así pues, no era recomendable. Al sur, había algunas casas rurales y por ello tráfico de coches y presencia humana. El Este y el Norte, parecían cumplir con todos los requisitos: vegetación mixta de bosque y prados con arbustos y presencia de conejos.
—Muchas gracias, chicos. Ha sido un gran trabajo. Ahora necesitamos vuestra ayuda en asuntos técnicos. Es preciso construir un cercado para tener a los linces durante los primeros meses y otro donde criar conejos de monte para alimentarlos. ¿Podéis ayudarnos con los cálculos?

—Expertos en dibujo, matemáticas y dinero acercaos, por favor —pidió Cristina—. Dibujad un cercado rectangular de 100m de lado por 150m, y dentro de ese, dos cercados más pequeños cuadrados de 3m de lado. ¿Cuántos metros de tela metálica harán falta?
—Para el cercado grande: 100+150+100+150 —Iba sumando CÉSAR—, 500 metros.
—El cercado pequeño tiene 4 lados de 2m, eso sería 4 por 2 igual a 8m —dijo ERICK.
—Como tenemos 2 cercados pequeños de 8m, multiplicamos 2 por 8 y nos da 16m —calculó ISABELLA.
—En total 500m+16m=516m —dijo TAREK.

—Si la tela cuesta  2€ el metro, ¿cuánto dinero valdrá? —preguntó Antonio.
—Pues fácil, multiplica 2€ por 516m, son 1032€ —contestó SUSI enseguida.
—Estupendo. Veo que se os dan bien los cálculos.
Empezaba a anochecer y bajaron hasta un refugio que Cristina conocía en la Alpujarra. Encendieron una hoguera en la chimenea y cenaron charlando animadamente. Antonio encargó por teléfono la tela metálica para vallado cinegético, pues quería empezar a instalar los cercados a la mañana siguiente.
—A ver… ahora calcularemos los conejos.  Un lince come un conejo al día. Si tenemos los linces en el cercado desde marzo hasta junio, ¿cuántos días son? —preguntó CRISTINA.
—31 días de marzo + 30 días de abril + 31 días mayo + 30 días junio = 122 días —dijo ALBERTO.
—Si comen un conejo al día…, 1 por 122, necesitamos 122 conejos —dedujo AURORA.
—No, necesitamos el doble porque hay dos linces. Hay que multiplicar por 2. Son 122x2=244 conejos —acertó IVÁN.
— ¿Os cuento algo curioso? —preguntó Cristina—. Las matemáticas están en la naturaleza, también en los conejos. Veréis: si traemos una pareja de conejos pequeños tardarán dos meses en crecer y poder tener crías. Si nos quedamos dos crías, a los tres meses tendremos tres parejas: la de conejos jóvenes que todavía están creciendo, la de conejos mayores que volverán a criar y nos darán dos conejitos más.  

— ¡Uy, qué lío de conejos! ¿Qué es lo curioso? —quiso saber NORA.
—Fíjate en esta lista de números: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13… cada número es la suma de los dos anteriores y es la cantidad de parejas de conejos que hay cada mes. Se llama sucesión de Fibonacci. A ver si me decís  a partir de qué mes conseguiremos 122 parejas de conejos.
—Pues 8+13= 21. Ahora la lista queda 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21 —dijo BLANCA.
Siguieron sumando: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144.
—A los once meses ya tendremos 144 parejas. Una pareja son dos conejos, así que multiplicando 144 por 2, dará 288. Tendremos bastantes conejos para los linces —dijo JULIA.
Los chicos estaban agotados, la mitad de ellos bostezaban ya con los ojos medio entornados por el sueño.
—Contar conejos duerme más que contar ovejitas, ¿podemos acostarnos y seguimos mañana con los cálculos? —suplicó VÍCTOR.
Las carcajadas de Antonio y Cristina despertaron a más de uno, pero viendo lo cansados que estaban los niños decidieron dar por terminada la jornada y todos se metieron en sus sacos a dormir.
Despertaron con el trino de: mirlos, petirrojos, herrerillos, carboneros, colirrojos, mitos,  currucas y zorzales, y se levantaron contentos y llenos de energía. Al salir del refugio, les sorprendió lo bien que olía la montaña, a hierba húmeda de rocío. Soplaba una brisilla fresca que traía el perfume de las plantas aromáticas de Sierra Nevada: tomillo, mejorana, lavanda, jara, salvia, ajedrea…  Respiraban hondo aquel aire puro tan distinto del de la ciudad.
La mañana transcurrió construyendo vivares para los conejos y colocando bebederos y comederos. Por la tarde, Antonio preguntó si había algún especialista en cultivo de plantas. Todos levantaron la mano. Antonio los miró con incredulidad.
—Es la verdad; todos somos especialistas porque en el cole trabajamos un huerto —explicó  ERICK mientras Cristina sonreía orgullosa de sus alumnos.
—Estupendo. Entonces, JULIO, ALBERTO, IKER y DALILA trasplantarán unos madroños que he traído. CÉSAR, JULIA, LAURA y SUSI sembrarán cereales para los conejos; AURORA, ERICK, SUSANA, VÍCTOR y TAREK, alfalfa; de los guisantes se encargarán JASSMIN, LAIA, IVÁN, NORA y CARINA; de las lentejas que se ocupen ÁLEX, BLANCA, ISABELLA y CAROLINA, y por último, encargaremos las zanahorias a SOFÍA, JAIME, AMIR y DAVID.
Primero, Alfredo y Miguel Ángel habían labrado con un motocultor una pequeña pradera, después, los niños enterraron con mucho cuidado todas las semillas, y finalmente, regaron en abundancia. 

Tan pronto como los cercados estuvieron levantados y el huerto empezó a dar sus frutos, llevaron unas cuantas parejas de conejos de campo, y unos meses más tarde, trasladaron a los linces.
El Comando Lobo, Cristina, Antonio y Miguel Ángel esperaban impacientes el momento de soltarlos. Descargaron las jaulas y pudieron verlos, a través de las rejas, nerviosos y asustados. Maullaban desesperados por salir.
— ¡Qué bonitos son!, pero da mucha pena verlos encerrados —se lamentó CARINA.
Los periodistas que habían venido a cubrir la noticia fotografiaron a las autoridades con los linces. Luego, los niños se colocaron detrás de las jaulas y Antonio y Miguel Ángel abrieron las portezuelas. Huyeron corriendo en dirección al pinar que había al fondo de su cercado.
—Ya sois libres. Adiós —Se despidieron los chicos. Estaban tan emocionados que más de uno tenía los ojos brillantes de lágrimas.

Ahora, los Agentes del Comando Lobo eran especialistas en lobos y, también, en linces. Aunque los niños habían vuelto a Roquetas, periódicamente subían a montaña a ver cómo evolucionaban los felinos. La adaptación había sido buena, habían encontrado refugio en una cueva y tenían abundancia de conejos para alimentarse. Seguían ocupándose del huerto con cariño: limpiando, regando y cosechando. El proyecto de recuperación del lince iba muy bien hasta el diez de mayo.
—Comando Lobo, tenemos una alerta roja: los linces han desaparecido —anunció Cristina a sus alumnos con tono de pesar—. Cerrad los libros. Nos vamos de inmediato.
Antonio y sus compañeros ya les estaban esperando a la puerta del colegio para llevarlos a Sierra Nevada. Pasaron la tarde explorando la zona en la que vivieron los linces para buscar pistas y no encontraron otra cosa que el cercado roto y los collares con los radiotransmisores.
—Todo el trabajo echado a perder. Como la noticia salió en los periódicos los cazadores furtivos sabían dónde ir a buscarlos —Pensó ÁLEX con acierto.
—Estoy muy enfadada porque los linces son de todos, igual que los lobos, ¡no está bien que los roben! —exclamó DAVID.
Regresaron muy apenados a sus casas. Los días transcurrían sin que apareciera ninguna pista que les llevara hasta los ladrones. Avisaron a su amiga Sheila de la Policía Nacional por si conocía a traficantes de animales en la zona, pero tampoco sabía nada. 

Quiso la casualidad que llegara un circo a Roquetas de Mar y se instalara en un descampado que había delante del colegio «La Romanilla». Estaba tan cerca que, al salir de clase, muchos alumnos fueron a ver a los animales que traían en aquellos grandes carromatos: cebras, elefantes, tigres, leones, perros, caballos…
—Están muy delgados. Parecen enfermos y tristes —observó JULIO.
—Es normal, ¿cómo estarías tú si te pasaras la vida encerrado en una jaula? ¿Te gustaría ser esclavo? —preguntó CÉSAR.
—Para adiestrarlos les pegan y les maltratan hasta que obedecen y hacen toda clase de tonterías para el espectáculo circense —explicó AURORA.
Ya se marchaban muy disgustados con este tipo de circos que usa animales cuando se les acercó un payaso y les invitó a fotografiarse con un lince. A todos les dio un vuelco el corazón, se miraron unos a otros como si todos tuvieran el mismo presentimiento. ¿Serían sus linces? Para no levantar sospechas no comentaron nada y siguieron al payaso fotógrafo. 


Los llevó a una carpa en la que había dos linces. Se quedaron un poco desanimados porque aquellos felinos estaban medio atontados y sus linces salvajes jamás estarían tan tranquilos. Todos creyeron reconocerlos, sin embargo… había algo muy raro. Cristina les hizo una señal para que callaran. Se hicieron una foto. Cristina la pagó y se la llevaron.
Se alejaron un poco del circo y, entonces, la señorita les confirmó lo que todos sospechaban:
—Creo que son nuestros linces —explicó mientras cogía el teléfono móvil para llamar a Sheila y a Antonio. Luego les dijo que tenían que vigilar al payaso para que no se llevara a los linces, así que volvieron a la carpa y le dijeron al payaso que, además de la foto en grupo, querían una con cada niño. De esta forma lo tendrían atareado y controlado. 

Al instante llegaron las patrullas de la Policía Nacional. El payaso intentó escapar, pero el Comando Lobo lo rodeó y, tirando de su ropa, lo hicieron caer al suelo, entonces, entró Sheila y lo inmovilizó con una llave de judo. Examinó a los linces: estaban soñolientos y tenían las pupilas muy dilatadas.
—Estos son los linces de la reserva. Los han drogado para que estén quietos y no ataquen a las personas.
— ¡Qué malvados son los de este circo! —dijo IVÁN enfadadísimo.
 Alejandra, la veterinaria, se llevó a los linces a su clínica para revisarlos. Aunque estaban desnutridos y les habían contagiado unas llagas en la piel, no era grave.
—Suerte que los hemos encontrado a tiempo. Ya no sufriréis más lincitos —los consoló SOFÍA.
—Cuando Alejandra os cure, volveréis a Sierra Nevada y os daremos gallinas y conejos para que estéis bien alimentados y no enferméis —les prometió BLANCA.
— ¿Y si los cazadores furtivos vuelven a robarlos? —ALBERTO preguntó lo que todos estaban pensando.
—Tengo una idea: los vigilaremos. Seño, ¿podemos quedarnos en el refugio de la montaña con los linces hasta que puedan vivir fuera del cercado? —propuso JULIA.
—Bien pensado —contestó Cristina—. Daremos clase en el refugio. Además será una buena ocasión para que aprendáis más sobre: flora, fauna, geología, estrellas y planetas… 

¡Qué contentos se pusieron todos! Estar en plena naturaleza era lo que más les gustaba. Sierra Nevada estaba realmente bella a finales de la primavera: un verde recién estrenado brillaba en los árboles, en los arbustos; millones de flores de todos los colores decoraban las praderas y los roquedos; la nieve que se fundía creaba arroyuelos y charcas. Las aves cantaban, las ranas les contestaban croando, el viento levantaba murmullos entre las hojas del bosque. Y los Agentes del Comando Lobo jugaban, investigaban, vigilaban a los linces y disfrutaban de una naturaleza espléndida. 

Pronto llegó el día de soltar a los felinos para que vivieran libres fuera del vallado.
—Antes de que os marchéis quiero daros un consejo: muchos hombres son peligrosos, no os fiéis de ellos y alejaos de las carreteras sino os atropellarán los coches —les advirtió SUSANA.
—Estoy contenta y triste al mismo tiempo —confesó LAIA—. Triste porque se van los linces y contenta porque estarán libres.
Los demás sentían lo mismo, pero quedárselos era como condenarlos a prisión de por vida y nadie quería convertirlos en prisioneros. Así que les abrieron las puertas y los linces salieron tranquilamente, observaron el paisaje y se fueron hacia unas rocas, subieron de un formidable salto y, luego, se volvieron y miraron a los niños como si se estuvieran despidiendo de ellos.
—Adiós, amigos. Mucha suerte —les deseó CAROLINA.
— ¿Sabéis una cosa? —preguntó JAIME—, creía que despedirme de los linces me daría mucha pena, pero resulta que verlos fuera de las rejas, en libertad, tan bonitos sobre esos peñascos, me ha alegrado un montón. Estoy contento por ellos.
—Sí, yo también —admitió LAURA—. Ojalá tengan muchas crías. ¡¡Larga vida a los linces!!
—¡¡Larga vida a los linces!! —secundaron los demás. A modo de respuesta, se oyó el ronco maullido de los felinos desde el bosque.
Sierra Nevada ya tiene su pareja de linces, Sierra Nevada ya tiene otro tesoro.


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