lunes, 9 de enero de 2017

¡Peligro: veneno en el parque!


 MALTRATO ANIMAL. En esta aventura aprenden a observar lo que sucede en su entorno y descubren a una mujer que envenena perros y gatos.
DESCRIPCIÓN DE PERSONAS. Primero se realiza una ficha con las partes del cuerpo y los adjetivos para describirlas, después se trabaja en una redacción.
SECUESTRO DE NIÑOS. Es un asunto desagradable pero lo suficientemente grave como para que estén advertidos. Si no se desea tocar este tema puede eliminarse sin distorsionar la aventura, para ello borrad todo el texto de color azul.
La colaboración con la POLICÍA y con la CLÍNICA VETERINARIA puede dar lugar a que les expliquéis la función que realizan y que pueden acudir a ellos cuando lo necesiten, incluso podría organizarse una visita.
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Sheila y su perro policía.
Foto:  http://arahalinformacion.com/policia-nacional-pionera-espana-la-incorporacion-personal-femenino-casi-40-anos

«Misión perro. Sábado a las seis en la biblioteca.» Esto era lo que decía el mensaje cifrado que había recibido el Comando Lobo el día anterior (ver Entrenando para espías ).
El tiempo pasaba con lentitud, como si las horas llevaran su reloj atrasado y llegaran tarde; y las seis…, las seis se habían quedado durmiendo la siesta porque no había manera de que fueran las seis. Cuando por fin llegó la hora, los miembros del Comando Lobo ya estaban a la puerta de la biblioteca. Llamaron al timbre. Una mujer uniformada les abrió.
—Buenas tardes. ¿Quiénes son ustedes?
—Somos el Comando Lobo. Tenemos una misión —contestaron con firmeza SUSANA y NORA que estaban las primeras.
—Pasen de uno en uno –les ordenó muy seria—. Identificación y contraseña, por favor.
—Gaviota —decía cada uno y mostraba su carnet (ver Credenciales del Comando Lobo).
—Bienvenidos, chicos. Me llamo Sheila y soy policía nacional. Venid conmigo.
La siguieron por un pasillo hasta un salón de reuniones de esos enormes con una mesa tan grande que podría aterrizar un avión, o mejor, tirarse uno en plancha y patinar. Allí se encontraban Cristina y Antonio charlando mientras tomaban un café.
—Hola, amigos. ¡Me encanta que seáis puntuales! —los felicitó Cristina—. Sentaos alrededor de la mesa. Ya conocéis a Sheila, ella trabajará con nosotros en esta misión. Antonio, ¿puedes explicarnos en qué consiste?
—Sí, es un asunto bastante grave: tres vecinos de La Romanilla han denunciado el envenenamiento de sus perros y Sheila nos ha pedido colaboración.
—Se trata de que hagáis de espías, de que observéis en el parque si alguien deja comida que pueda estar envenenada. Cuando veáis a la persona sospechosa debéis pasarme una descripción lo más detallada posible para poder detenerla —les pidió Sheila
— ¿Tenemos que hacer una ficha del sospechoso? —preguntó ÁLEX.
—Exacto. Cuantos más detalles mejor, no solo de la persona, también del coche y de todo lo que pueda ayudar a identificarlo —añadió Antonio.
—Sobre todo, no habléis con él. Yo estaré en el parque de incógnito, pasadme un mensaje o avisadme por estos pinganillos que llevaremos todos. Usaremos nuestros nombres en clave (ver listado en Entrenando para espías ). Yo soy DESMÁN DE LOS PIRINEOS. Al sospechoso lo llamaremos «monstruo», ¿de acuerdo? —preguntó Sheila.
— ¡En marcha, Comando Lobo! ¡Aúúú! —aulló Cristina y le contestaron todos.
La Romanilla - Parque Sor Dolores
 Divididos en tres grupos para no llamar tanto la atención se dirigieron al parque por distintas calles; primero, CRISTINA, ALBERTO, ÁLEX, AURORA, VÍCTOR, JAIME, CAROLINA, ELENA Y YASSMIN; después, SHEILA, IVÁN, ISABELLA, LAIA, DAVID, DALILA Y CÉSAR; y a continuación, ANTONIO, ERICK, SUSI, SUSANA, JULIA, NORA, AMIR, IKER, JULIO, TAREK, LAURA, SOFÍA y BLANCA. Los niños se pusieron a jugar a fútbol, a saltar a la comba y a jugar al pilla-pilla, pero mirando con disimulo a todas las personas.
—Aquí Cierva (SUSANA). Un hombre entra en la plaza por la esquina del colegio,  ¿podéis venir?
—Aquí Liebre (SUSI). Vamos a jugar al pilla-pilla y nos acercamos corriendo.
—Aquí Comadreja (LAIA). Buena idea, Liebre. Voy superrápido. ¡Comadreja al ataqueee!
—Aquí Corza (JULIA). Yo también me apunto. ¡Corza a la carreraaa!
Al instante, se había reunido allí media clase riendo y corriendo, pero observando de reojo a cualquier sospechoso.
—Aquí  Gamo (NORA). Falsa alarma. No lleva nada. Solo ha cruzado el parque y se va.
—Aquí Lince (JAIME). Alerta: esos chicos que están en el centro del parque han tirado algo al suelo.
—Aquí Nutria (AURORA). Me acerco a investigar. Cubridme.
—Aquí Ratón (VÍCTOR). Voy contigo, Nutria.  Sigámoslos.
—Aquí Nutria (AURORA). Es un trozo de magdalena. Está un poco reseca y mordida, no le habrá gustado y la ha tirado suelo.
—Aquí Gineta (YASSMIN). Entonces no es “monstruo”, es “guarro”.
—Tienes razón, Gineta. Jajajaja —se reían todos.
*************
—Seño, ¿podemos ir al veterinario a preguntar si han ingresado más perros enfermos?
—Me parece una buena idea, ELENA. Quizás obtengamos alguna pista.
Cristina llamó a la clínica para preguntar si podían atenderlos y como les dijeron que sí, se encaminaron hacia allí VÍCTOR, JAIME, CAROLINA, AURORA, ELENA, YASSMIN, ÁLEX y ALBERTO. Cuando llegaron, Alejandra, la veterinaria, les estaba esperando.

—Hola, chicos. Me alegro mucho de conoceros. El trabajo que estáis haciendo es muy importante.
— ¿Habéis atendido a más perros intoxicados? —se interesó CAROLINA.
—Pues sí, y dos gatos, pero hasta que no lleguen los resultados del laboratorio no puedo confirmaros si ha sido por veneno. Los perros pueden intoxicarse o enfermar de muchas formas.
— ¿Ah, sí? No lo sabía. Yo tengo un perro, me interesa saber cómo —dijo ALBERTO algo preocupado.
—Por ejemplo: con chocolate, uvas, pasas, ajos, cebollas, semillas de frutas como la manzana, bebidas alcohólicas  y con algunas plantas o medicamentos como el paracetamol o la Aspirina.
— ¡Anda! Pues yo he visto a gente que les da galletitas de chocolate —aseguró VÍCTOR.
—Es mejor que no lo hagan, algunos perros sufren convulsiones, aceleración del corazón, diarreas, vómitos y, a veces, mueren.
— ¿Cuáles son las plantas peligrosas? —preguntó JAIME.
—Hay muchas: adelfa, tejo, cicuta, ave del paraíso, lila, dieffenbachia, palmera sagú, marihuana, azalea, narciso, ricino, aloe...
Gineta (YASSMIN) que estaba junto a la ventana interrumpió la conversación con un grito:
— ¡Mirad al otro lado de la calle, hay un chico con un dálmata! El perro ha caído y no puede levantarse. ¡Vamos a ayudarlo!

 Salieron en manada lobuna. Querían cruzar la calle enseguida, pero el hombrecito rojo del semáforo los miraba con mala cara. ¡Qué impaciencia! Veían el dálmata sacando espuma por la boca y al chaval intentando reanimarlo.
¡Por fin, verde! Un coche de fórmula uno no sale tan rápido de la parrilla como ellos. Entre todos cogieron al enfermo: Gineta y Turón, la cabeza; Garduña y Nutria, las patas delanteras; Marta y Zorro, las patas traseras; y Ratón, Lince y el dueño, el cuerpo. ¡Pesaba como un dinosaurio gordote!
Ni falta que hizo preguntar, todos sospechaban lo que le sucedía. Lo llevaron a la sala de curas de la clínica veterinaria.
—No sé qué le pasa al perro —se lamentaba el dueño—, ha estado devolviendo y lloriqueando todo el día.
— ¿Ha comido algo raro fuera de casa? —preguntó Alejandra.
—No. Bueno… —titubeó el chico—, esta mañana una señora le ha dado una golosina.
— ¿Conocías a la mujer? ¿La habías visto antes? —quiso saber ÁLEX.
—Qué va, se ha acercado a nosotros y nos ha dicho que era un perrito muy gracioso y que le gustaba.
— ¿Te acuerdas de cómo era? —preguntó JAIME empezando a tomar notas.
—No me he fijado, la verdad, solo recuerdo que era una señora mayor y delgada.
—Dinos en qué lugar ha sido  —le pidió CAROLINA.
—En el parque Sor Dolores de la Caridad, delante del colegio La Romanilla.
—Muchas gracias por la información. Espero que tu Perry se recupere —le deseó VÍCTOR con una sonrisa para animarlo, pero en el fondo todos estaban muy apenados.
—Aquí Marta (CAROLINA), tenemos una pista importante.
—Aquí Rebeco (IVÁN), os escuchamos, ¡empezad a cantar!
—Aquí Garduña (ELENA), “monstruo” podría ser una mujer mayor, delgada. La han visto esta mañana en nuestro parque, así que, estad atentos.
Dejaron a Alejandra curando al dálmata y regresaron al parque para reforzar la guardia.

http://acupunturacanina.blogspot.com.es/p/dumbo-intoxicacion-dalmata-3-anos.html

—Hola, soy Rebeco (IVÁN). Atención: dos mujeres se han parado debajo de un pino al norte. Solicito observadores.
—Armiño (DAVID) y Comadreja (LAIA) nos dirigimos allí jugando con el balón.
—Aquí Cabra Montés (DALILA). Ardilla y yo estamos en la zona. Pásame la pelota, Comadreja.
—Ardilla (ISABELLA) captando conversación de sospechosas. Hablan sobre algo de un gimnasio.
—Aquí Cabra Montés (DALILA). Nos quedaremos un rato de guardia, pero que creo que ninguna es “monstruo”.
La tarde transcurría sin que apareciera la persona que había dejado el veneno. Quizás no había sido en ese parque o quizás no pensaba venir el sábado. Siguieron jugando un par de horas más.
**************
De repente, escucharon por los pinganillos la voz angustiada de ISABELLA.
—Aquí  Ardilla (ISABELLA). Venid rápido, por favor.
—Aquí Loba Alfa.  ¿Qué sucede?
—Aquí Comadreja (LAIA).  Ardilla, Rebeco y yo estábamos merendando, sentadas en un banco, y hablando con otra niña que se llama Elisa. Un hombre se ha acercado y le ha preguntado si se acordaba de él.
—Aquí Rebeco (IVÁN). Elisa ha contestado que no lo conocía, pero el hombre la ha convencido de que era amigo de sus padres.
—Aquí Cabrá Montés (DALILA). Le ha dado una piruleta y le ha pedido que la acompañara al coche porque tenía un regalo para ella.
—Aquí Murciélago (CÉSAR). Como ella no quería, la ha cogido por el brazo y ha intentado llevársela a rastras. Elisa se ha puesto a llorar.
Elisa está asustada
 —Aquí Zorro (ALBERTO). Yo le he dado un patadón en la espinilla a ver si la soltaba.  
—Aquí Cierva (SUSANA). Elisa le ha mordido la mano. Entonces la ha soltado. Todos los que estábamos allí le hemos gritado: «Déjala en paz», y se ha marchado cuando hemos empezado a tirarle piedras.  Armiño y Rebeco lo están persiguiendo.
Armiño y Rebeco se habían detenido cerca del coche y estaban anotando la matrícula del vehículo cuando, de repente, el hombre se dio cuenta y fue hacia ellos hecho una furia.
— ¿Qué estáis haciendo, mocosos? ¡Enseñadme ese papel! —ordenó arrancándole la nota de las manos. Miró lo que habían escrito: SNVA  S*  ϕωoá VYT —.  Solo son garabatos de críos —masculló. Tiró el papel, subió al coche y se fue echando chispas.

En ese momento llegaron Cristina, Antonio y gran parte de la manada lobuna.
—Seño, creo que a Elisa se la quería llevar un hombre malo—dijo DALILA conmocionada.
Armiño les dio la nota con los datos del vehículo.
—Aquí Loba Alfa llamando a Desmán de los Pirineos. Posible intento de secuestro de una niña en un Audi A5, matrícula 6812DGB.
—Aquí Desmán de los Pirineos. Lo comunicaré a la central para que localicen al dueño del vehículo. Gracias, Comando Lobo.


Casi anochecía, y se estaban agrupando para marcharse a casa, cuando la sombra de alguien apareció a la otra punta del parque.
—Aquí Visón (SOFÍA). Sospechosa a la vista. Por favor, armad un poco de follón para que se fije en vosotros y no se dé cuenta de que la estamos espiando.
—Aquí Murciélago (CÉSAR). De acuerdo. ¿Y si aullamos todos juntos? ¡Aúúú! —Empezó Murciélago y le siguieron los demás.
La sombra se giró sobresaltada, miró a los chicos, soltó una palabrota y se fue hacia los árboles. Topo (BLANCA) y Meloncillo (LAURA) la seguían escondiéndose detrás de los bancos y de los troncos.
— Aquí Topo (BLANCA). Creo que podría ser “monstruo”. Ha dejado unas bolas de carne al pie de una palmera y se marcha.
—Aquí Meloncillo (LAURA). Voy a embolsarlas para que las analicen en el laboratorio —informó  mientras se enfundaba unos guantes de látex.
Inesperadamente, la vieja se giró y, al ver a Topo y Meloncillo coger las albóndigas volvió hacia ellas a grandes zancadas, clavándoles una mirada que parecía brillar en la oscuridad de tan malvada.  Ellas no la vieron porque estaban de espaldas recogiendo las muestras, suerte que sus compañeros las avisaron:
— ¡Topo, Meloncillo, corred, corred, va hacia vosotras! —gritaron Tejón (TAREK) y Erizo (IKER)
— ¿Cómo os llamáis? ¿Topo? ¿Meloncillo? ¿Son apellidos? ¡Venid aquí —gritaba  la vieja con su voz de cascajo—, ya os encontraré, preguntaré quién sois y dónde vivís!
Pero lograron escapar antes de que se acercara a ellas. Al ver que las niñas estaban acompañadas por Cristina y Sheila,  se marchó refunfuñando sin poder hacer nada.
—Ja, ja, ja. Se cree que nos llamamos Topo y Meloncillo —y se partían de la risa—, nunca nos encontrará, esos no son nuestros verdaderos nombres.
 
Espías en acción
—Aquí Gato Montés (JULIO). Vamos a perderla. Solicitamos permiso para seguirla fuera del parque.
—Aquí Lobo Alfa. Permiso concedido, Gato Montés. Lirón Careto y Castor, id vosotros también. Yo os acompaño a distancia para no llamar su atención. Adelante.
—Aquí Lirón Careto (AMIR). Posible “monstruo” ha entrado en un bloque de pisos.
—Aquí Lobo Alfa. No entréis, solo apuntad la dirección.
Gato Montés y Lirón Careto estaban cifrando el nombre de la calle y Castor tomaba nota cuando la señora volvió a salir con otra bolsa de carne.
— ¿Qué estáis haciendo frente a mi portal? A ver ese papel —dijo y les quitó el cuaderno de un manotazo.
—No, es nada, señora. Estamos jugando a una gincana—improvisó Lobo Alfa (ANTONIO) que se había acercado de inmediato al verla—, los niños  buscan pistas para resolver un jeroglífico. 

 La señora miró aquellas filas de letras y signos: SÑWFAVS VWD ESK ωá y, como no entendía nada, les devolvió la libretita y se metió otra vez en la escalera maldiciendo.
—Aquí Desmán de los Pirineos (SHEILA). Comando Lobo, necesito que me acompañéis a comisaría. Reuníos todos a la puerta del colegio, por favor.
De las cuatro esquinas del parque se fueron acercando los chicos para marcharse con Sheila.
— ¿Por qué vamos a comisaría? —preguntó BLANCA
— ¿Podéis hacerme una descripción de la sospechosa? —solicitó Sheila—. Supongo que os habréis fijado bien, ¿no?
— ¡Claro que sí! Tengo su foto en mi cabeza—afirmó ERICK seguro de que sus observaciones serían útiles.
Se dieron un paseo hasta la comisaria comentando lo que había sucedido aquella tarde. Sheila les hizo pasar a su despacho, les pidió que se concentraran para recordar todos los detalles, y enseguida empezaron a trabajar en un programa informático de dibujo de retratos robot.

Trabajando con el programa de retratos robot                                    
—El hombre era bajito, más que Antonio, gordo, con barrigota —especificó IVÁN entornando los ojos para acordarse mejor.
—Era un tipo paliducho con pelo rizado de color castaño. No sé cómo eran sus ojos porque llevaba unas gafas de espejo azul, pero tenía una nariz un poco torcida y ganchuda —añadió LAIA.
—No tenía los labios ni muy gruesos ni muy finos, en cambio, los dientes eran amarillentos y mal colocados. Creo que pasaba de los sesenta años, como un abuelo —dijo DAVID.
— ¿Tenía alguna marca especial o llevaba algo distintivo? —preguntó Sheila.
—Llevaba un pendiente pequeño en lo alto de la oreja, un arete. —Recordó DALILA— Y en el dedo pequeño, he visto un anillo con una piedra roja.
—Vestía una camisa negra y pantalón tejano sin nada especial, pero los zapatos eran muy raros, uno tenía el talón más alto que el otro —informó JULIA que es muy observadora.
—Su voz sonaba afónica y su acento no era de aquí. Creo que podría ser un extranjero porque decía «good» y no pronunciaba bien las erres—apuntó ISABELLA.
Sheila les mostró el retrato robot y tras retocar algunos detalles y añadir la matrícula, le pasó el informe a otro policía para que empezaran a buscarlo.
—Estupendo, chichos. Ahora, le toca a la mujer.

Repasando las notas para informar a Sheila
 —Tenía una silueta un poco encorvada, era una vieja flaca y alta, pero no tan alta como tú, Sheila—especificó ERICK.
—Y mucho más fea. Ja, ja, ja —aseguró JULIO—. ¿A que sí, TAREK?
—Sí, sí. Yo me fijado en que su pelo era de color azul clarito y llevaba unos pendientes de bolitas de coral.
—Sus ojos negros estaban muy juntos y las cejas también, tanto que se tocaban, era cejijunta —dijo AMIR.
—La nariz se levantaba de la punta un poco respingona. Se había pintado la boca de color rojo, pero no le quedaba bien porque tenía los labios demasiado delgados y se había salido —recordó IKER.
— ¡Ah! y pon que olía a pescado —añadió CÉSAR.
—Sí, se le veía un tatuaje de un delfín en el brazo —dijo SUSI.
—Tenemos la dirección, Avenida del Mar, 82; aunque no sabemos ni el piso ni la puerta —le recordó DAVID.
—No importa con vuestra descripción seguro que damos con ella. ¡Buen trabajo!

Bajaron al laboratorio a ver si la carne recogida en el parque tenía veneno. El analista introdujo un pedacito en un tubo de ensayo, después, le echó unas gotas rojas. Esperaron dos minutos y…. todo se volvió de color negro. No había duda: estaba envenenada.

http://www.elnortedecastilla.es/noticias/201507/30/media/cortadas/Imagen%20Seg%20polic%C3%ADa%2007%20TANARRO--575x323.jpg
Sheila entregó el retrato robot que había dibujado con los niños a una patrulla para que fueran a registrar el bloque de pisos en busca de la sospechosa.
Mientras, el especialista del laboratorio les explicaba que los venenos actúan paralizando la respiración y el corazón o destruyendo los órganos y provocando derrames internos. Siempre es una muerte muy dolorosa y cruel.
— ¡Pobres perritos y gatitos! —se lamentaron SUSANA Y NORA.
—No os preocupéis por el dálmata y los dos gatitos, Alejandra acaba de llamar para decirnos que ha estabilizado al perro y que los tres se quedarán en la clínica hasta que se recuperen.
En ese momento, apareció el compañero de Sheila.
—Hemos detenido al secuestrador de la niña. La pequeña está a salvo con sus padres.
— ¡Bien por Elisa! ¡Bien por los policías! —gritaban eufóricos, aplaudían y saltaban.


Al instante, vieron entrar a los miembros de la patrulla con la señora.
— ¡Mirad: la vieja envenenadora! —exclamó SOFÍA.
—Esa mujer es un monstruo. ¡Uh! —la abuchearon.
— CÉSAR, tenías razón, olía a pescado porque trabaja en una pescadería —dijo Sheila—. ¡Os felicito, Comando Lobo!  En esta misión habéis desenmascarado a un secuestrador y a una loca del veneno.
Todos los policías de la comisaría se pusieron en pie y les aplaudieron.
—¡¡Bravo, Comando Lobo!!
Los chicos se sentían muy orgullosos; no estaba nada mal salvar a una niña y a un montón de perritos y gatitos.
Cristina, Antonio y Sheila se los llevaron a cenar una pizza y unos zumos porque se lo habían ganado. ¡Atrapar maleantes abre mucho el apetito! 

 
http://www.elperiodic.com/castellon/noticias/353782_polic%C3%ADa-nacional-visita-ni%C3%B1os-infantil-ceip-carles-salvador.html

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